Medio: El Día
Fecha de la publicación: miércoles 24 de marzo de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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El abandono al odio es una de las causas más frecuentes para el desvío de la conducta humano. Hemos visto en la historia muchas veces. Es ese odio que lo persiguió hasta en los tejados de La Paz a Plácido Yáñez; es el mismo que expuso en un farol el cuerpo ya inerte de Villarroel; es el mismo que se repite en todo cambio de gobierno. Unos vuelven y otros salen al exilio, huyendo de la “justicia” que los persigue.
Tuvo razón Emilio Mira y López al incluir el odio en su libro “Los cuatro gigantes del alma” .Ya Bolívar, casi en la víspera de su muerte, avizoró la turbulencia política que le rodeaba, y dijo: “No hay buena fe en América ni entre las naciones ni entre los hombres. Los tratados son papeles; las leyes, libros; las elecciones combates; la libertad, anarquía. Y la vida, un tormento”. El Libertador soñó en hacer de las repúblicas nacientes una sola patria grande, como la de los EEUU de Norteamérica, pero cerró los ojos profundamente decepcionado.
El sometimiento de todos los poderes al Órgano Ejecutivo es sin duda el error político más grave. Con todo lo que es hoy, la judicatura o lo que todavía se llama “justicia”, es una degradación moral de la persona. El nombramiento de los magistrados se basó- como debe recordarse - en los dos tercios del Legislativo. La tiranía cuantitativa del “número” se impuso por encima de toda consideración.
Con todo, como somos empecinados, cada vez que se produce un cambio de gobierno, renovamos nuestra fe de carbonero. Nos encandilamos con los discursos, hasta creímos que decían en serio: “Soy un apasionado por la justicia”, “Ha llegado la hora de curar heridas”. Y no tardamos en darnos cuenta de que son iguales o peores que los anteriores. El odio beligerante no deja de actuar. Ebrios de poder, se inventan fantasmas como pretexto para encarcelar a los “enemigos” del partido.
Pero la gota que rebalsó el vaso fue el encarcelamiento de la ex mandataria. Los muy valientes, utilizaron la fachada indígena para acusar de “sedición, terrorismo y conspiración”. De un plumazo lo borraron en la CPE la presunción de inocencia, “le metieron nomás”. Se respira un enrarecido aire de la dictadura: primero se condena; después, se averigua si es culpable.
El ministro de justicia quiere ser más que la juez Pacajes; ella condenó a 20 años de prisión a un inocente; el ministro quiere 30 para Jeanine. ¡Bárbaro! ¿Qué le habrá hecho?
Al ver estas mismas miserias en otra época, Augusto Céspedes se preguntaba: “¿No saldremos nunca de esto?”. Con la gente como la que se tiene hoy, nunca. Del 2019 a la fecha no ha pasado ningún siglo, pero estamos otra vez con lo mismo. En casi 14 años se acumularon tanto los desmanes y los abusos, que el pueblo se volcó a las calles a gritar: ¡Fuera!
Pero la gota que rebalsó el vaso fue el encarcelamiento de la ex mandataria. Los muy valientes, utilizaron la fachada indígena para acusar de “sedición, terrorismo y conspiración”. De un plumazo lo borraron en la CPE la presunción de inocencia, “le metieron nomás”. Se respira un enrarecido aire de la dictadura: primero se condena; después, se averigua si es culpable.



