Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: sábado 20 de marzo de 2021
Categoría: Representación Política
Subcategoría: Democracia paritaria
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A lo largo de la historia de la nación, la sociedad boliviana en su conjunto, pero sobre todo las mujeres, hemos luchado por tener un Estado más seguro y amigable para la incursión de la mujer en la política boliviana, con esfuerzos desde el activismo, la institucionalidad y la individualidad.
Sin duda, esa lucha ha logrado avances importantes, cuotas de participación, leyes y normas contra la violencia a las mujeres en el ejercicio político y otras reivindicaciones.
Sin embargo, seguimos siendo un país donde las denuncias y la violencia a las mujeres en el ejercicio político están entre las más altas de la región.
Más allá de la ideología, la posición política o el espacio nacional o local que ocupen o al que aspiren; el principal reto es y ha sido lograr que las mujeres se animen a incursionar y se mantengan en la vida política. Las estadísticas muestran que pocas se quedan o persisten, y es muy común escuchar de muchas de ellas: “Yo ni loca sigo en política”.
Lo sucedido con la expresidenta constitucional Jeanine Añez por parte del actual gobierno ha sido el “golpe de gracia” en esta lógica perversa y patriarcal contra las mujeres.
La secuestraron (no la citaron a declarar); un hombre la sostiene del brazo para fotografiarla de forma abusiva; no le permitieron que se cambie de ropa, como una forma de humillarla; persiguen a sus hijos, que son lo más sagrado de toda madre; la presentan como si mostraran un trofeo de guerra; la trasladan a medianoche lejos de su familia; la incomunican; la tienen sin dormir; la someten a una audiencia de 12 horas continuas en un proceso ordinario (al que a ningún exmandatario se le ha seguido, porque deben ser sometidos a un juicio de responsabilidades); la detienen en una ciudad que no es la suya y alegan su condición de “mujer divorciada” para considerar que hay un riesgo procesal.
Me pregunto si alguna niña o una joven que haya visto todo esto se animará en el futuro a incursionar en política. El mensaje, en todo caso, ha quedado clarísimo. ¿Nos están diciendo que es mejor volver a ser “floreros” en los espacios políticos? ¿Que es mejor ceder tu espacio y tu cargo al compañero hombre? Porque si ocupas un espacio de poder te expones a que te secuestren, te humillen y que tu estado civil defina tu destino en un proceso judicial.
Las mujeres teníamos y tenemos en el Estado patriarcal lo que llamamos “techos de cristal”; es decir, enfrentábamos barreras invisibles que nos impiden avanzar, pero que habíamos ido rompiendo.
Creo, sin lugar a equivocarme, que después de lo sucedido con la expresidenta Jeanine Añez hemos vuelto al sótano en nuestro esfuerzo por ejercer nuestros derechos políticos sin violencia y sin miedo, y que nos llevará décadas y generaciones salir otra vez de ahí.
Elizabeth Reyes fue diputada nacional.



