Medio: El Día
Fecha de la publicación: miércoles 17 de marzo de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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La dictadura que pretende instaurar el cocalero en Bolivia está inspirada la tiranía que inició en 1959 Fidel Castro, un líder que se llenó de admiradores gracias a sus buenas intenciones, que seguramente han sobrado para empedrar el infierno. Le ayudó mucho el énfasis que puso en la salud y en la educación, dos ámbitos que le siguen dando réditos al comunismo cubano, pese a que la época dorada terminó hace 32 años con el final del padrinazgo soviético.
De cualquier forma, ese romanticismo que despertó el castrismo en líderes e intelectuales de todo el mundo, ha planteado desde hace décadas la idea de que puede haber una “dictadura buena”, mucho más cuando hay ejemplos como el de China, de Rusia, de Turquía o de Singapur, donde la autocracia puede convivir con el éxito económico y la prosperidad, aspectos que la gente suele valorar más que la vida y la libertad. “Que no falte el pan”, decían los romanos y Maquiavelo le recomendaba al príncipe nunca tocar el patrimonio de sus súbditos, pues ellos jamás lo olvidan.
Evo Morales ha querido demostrarle al mundo que el socialismo puede funcionar en Bolivia y en ciertas ocasiones y muy sutilmente, los referentes del MAS han dado entender que ellos no irán por el camino de Venezuela, destino inevitable cuando se aplica la receta cubana. Durante los 14 años que estuvo al mando del gobierno, el cocalero se portó muy cauto con la propiedad privada y, la violencia, la persecución y la represión fueron usados con fines disuasivos, al contrario de lo que hace Maduro, que elimina sistemáticamente a los disidentes, a razón de tres mil por año, según datos de la ONU.
Es, más o menos, lo que pasó en los años 70. Bolivia tuvo su dictador y su régimen de facto, pero sus efectos fueron mínimos en comparación con lo que ocurrió en Chile, en Paraguay, Argentina e incluso Brasil, donde los militares se quedaron mucho más tiempo y causaron estragos mayores en la violación de los derechos humanos.
Los bolivianos debemos llamar virtudes a lo que otros considerarían defectos: dispersión e inestabilidad. El cocalero podía aspirar a ser dictador, al igual que Bánzer, cuando había mucha plata para concentrar en pocas manos. En los 70 fueron los petrodólares y el estaño y, durante el reinado de Morales fue el auge del gas. Pero eso ya se acabó y hoy la economía está dispersa en millones de comerciantes, pequeños productores y cuentapropistas, a quienes no les conviene una dictadura sin plata, que se encargará de empobrecer más a la gente. Y en cuanto a la inestabilidad, todos sabemos lo que pasa en Bolivia cuando el gobierno no tiene suficiente en los bolsillos para pagarle a cada uno de los sectores, sindicatos, corporaciones, militares, policías, movimientos sociales, cuyo concurso es indispensable para evitar la caída de cualquier régimen. Por último, ni China, Rusia o Irán saldrán a defender al dictador boliviano como lo hacen con Maduro. No lo hicieron con el cocalero, menos con un segundón.
Evo Morales ha querido demostrarle al mundo que el socialismo puede funcionar en Bolivia y en ciertas ocasiones y muy sutilmente, los referentes del MAS han dado entender que ellos no irán por el camino de Venezuela, destino inevitable cuando se aplica la receta cubana.



