Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: miércoles 17 de marzo de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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A inicios de los años 80, René Zavaleta Mercado sostuvo que la escasa legitimidad de la democracia representativa, a lo largo de la historia política, se explicaba porque en Bolivia “los hombres no se consideran iguales unos de otros, o sea (…) no prima el prejuicio capitalista de la igualdad sino el dogma precapitalista de la desigualdad”. En vista de ello, las personas no otorgaban a sus adversarios una dignidad similar a la que se atribuían a sí mismos y desconocían el principio del respeto a la voluntad de la mayoría en la constitución de gobiernos. De ahí que los golpes de Estado, el fraude electoral, los “cuartelazos”, hayan sido la modalidad normal de constitución de los gobiernos durante más de siglo y medio de historia republicana.
En la Bolivia de hoy, la actualización del “dogma precapitalista de la desigualdad” explica diversos problemas de legitimidad que atraviesan los procesos electorales desde octubre de 2019, y que vuelven a reeditarse en el caso de las elecciones en el municipio de Sucre, el 7 de marzo. Lo expresó claramente el candidato de la agrupación República 2025, Horacio Poppe, en un video en el que se dirigió a sus adversarios políticos, quienes a través del chat lo acusaban de “facho”: “Facho con mucho orgullo, a mucha honra. Porque nosotros no somos iguales a ustedes, en definitiva, nosotros no somos así de puercos, de sucios, de deshonestos, de ladinos”. Es decir, Poppe, desde su punto de vista, concurre en elecciones con quienes él considera moralmente inferiores.
El dogma preburgués de la desigualdad sobre el que hablaba Zavaleta Mercado aparece con claridad cuando Poppe busca ridiculizar a quienes, a través del chat, le llaman discriminador y él responde; “Discriminashon, discriminashon, solamente eso saben decir los del Movimiento al Socialismo, discriminashon (…) carajo que son brutos, votan por sus verdugos (…) Hay que ser malnacidos para apoyar a los verdugos de tu tierra”. El candidato se burla en su alocución del supuesto acento quechua que atribuye a los desconocidos cibernautas que lo critican; presupone que, porque le han dicho discriminador, son del MAS y quechua hablantes de origen lingüístico.
Emilio Durkheim decía que los prejuicios permiten reconocer la creencia colectiva de los grupos, permiten identificar la inscripción del individuo al interior de un determinado grupo social y, simultáneamente, su extrañamiento respecto de otros grupos a quienes dichos prejuicios se refieren. Si se dice que un colectivo de personas que votó por el MAS en Sucre está formado por malnacidos, se presupone que quien realiza ese enunciado se inscribe dentro de la categoría de "biennacidos", idea que se asocia con otras significaciones igualmente sociales como la de ser de "buena cuna", "de buena familia", tener un "buen apellido", ser de "familia bien", "gente decente", muy bien hilvanadas con las relaciones de parentesco, con la etnicidad, pues finalmente lo de "bien nacido" tiene que ver, además de una condición de clase, con el linaje y el imaginario racializado que lo circunda, con la "sangre azul".
En resumen, Poppe presume un punto de vista señorial, se inscribe en una clase-etnia dominante, que observa a los demás candidatos, no sólo del MAS, como de una alcurnia inferior a la suya.
Lo anterior podría quedar como una excentricidad, una curiosidad de las reminiscencias de la antigua oligarquía señorial chuquisaqueña. Pero no. El dogma de la desigualdad es un fenómeno ampliamente extendido en la política boliviana. En diciembre de 2020, Luis Larrea, presidente del Colegio Médico de La Paz, proclamado como candidato a la alcaldía por la agrupación ciudadana “Por mi La Paz Unidos Invencibles”, se refirió a las bases sociales del MAS, partido con el que debía entrar en competencia, afirmando: “Hay una diferencia entre los movimientos sociales y nosotros: nosotros sabemos leer”. Para Larrea, el saber letrado diferenciaba a los denominados “movimientos sociales” de su agrupación política. Como en el caso de Poppe, Larrea también competía en las elecciones con quienes consideraba inferiores por ser, según como él lo entendía, analfabetas. El presidente del Colegio Médico de La Paz estaría más facultado que los candidatos indígenas del MAS para ser Alcalde.
Las huellas de este prejuicio colectivo podrían rastrearse hasta la fundación de la República en 1825, cuando se establecía que sólo aquellos que sabían leer y escribir podían acceder a la ciudadanía plena. Aunque desde 1952 las leyes bolivianas establecen el derecho universal a elegir y ser elegido, la representación del doctor Larrea sigue siendo ideología dominante en importantes segmentos de la pequeña burguesía profesional mestiza, donde se concibe que los asuntos del gobierno deben ser exclusivos de gente profesional: el imaginario de la democracia calificada, censitaria fue, en efecto, el espíritu de las movilizaciones de octubre y noviembre de 2019, que mostraron que la utopía de un país gobernado por doctores y profesionales vestidos con terno y corbata, en sustitución de “indios ignorantes”, seguía muy vigente.
En octubre de 2020, estos movimientos rechazaron los resultados de las elecciones y se dirigieron en romería a las puertas de los cuarteles pidiendo un gobierno militar. En tanto, en el Cristo Redentor de Santa Cruz de la Sierra, se concentró una multitud que al tiempo de rechazar las elecciones gritaba “el que no salta es indio”. Estos movimientos sociales no aceptaban que alguien a quien definían como inferior sea su autoridad.
Para Zavaleta Mercado, el fundamento del dogma de la desigualdad eran las profundas asimetrías sociales: “es una petición de principio que ni ahora mismo (…), ni nunca en el pasado, Bolivia ha sido un país democrático. Por el contrario, aquí sí que unos hombres mueren como perros para que otros hombres coman como cerdos”.
El paradigma de la igualdad, fundamento de la democracia burguesa, es el resultado de una transformación radical de las relaciones sociales: de la abolición de los privilegios –otorgados por el patrimonio, el apellido, la procedencia étnica–, como producto de la universalización de la condición del individuo propietario, de la ciudadanía y de los derechos (por ejemplo, rompiendo el monopolio sobre la gran propiedad de la tierra y creando un sistema de educación científica, pública, única y verdaderamente universal en la que todos los individuos se eduquen como iguales).
Esta concepción sustantiva de la democracia, presente en Zavaleta, era similar a la de De Toqueville, para quien la democracia era una relación social que se caracterizaba por el principio y la práctica de la igualdad. Desde esta perspectiva, la solución de los problemas de legitimidad de la democracia representativa reside en la constitución material y cultural de una sociedad de bolivianos libres e iguales, condición hoy inexistente.
El autor es docente investigador del Instituto de Estudios Sociales y Económicos (IESE) - UMSS



