Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 07 de marzo de 2021
Categoría: Procesos electorales
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Fernando Chávez Virreira
Periodista
El despido del 92% de los diplomáticos de carrera de la Cancillería ha generado un terremoto en el servicio exterior del país que, según ven analistas y expertos, derivará en la desinstitucionalización de la política exterior y pone a la diplomacia boliviana en un momento caótico.
Según los afectados, entre noviembre de 2020 y febrero de este año, más de un centenar de funcionarios diplomáticos de carrera fueron despedidos del Ministerio de Relaciones Exteriores, muchos de ellos con más de 25 años de servicio. Aunque, según el Gobierno, “se trata de recomponer la estructura del sistema diplomático del país, después del paso del gobierno de Jeanine Añez”. “Han destruido el equipo de relaciones exteriores”, dijo a la prensa el vicecanciller Freddy Mamani.
Días después, el canciller Rogelio Mayta avivó la polémica cuando afirmó que los funcionarios despedidos “eran diplomáticos de nariz respingada que se dedicaban a doblar el meñique en los cócteles”.
Según un análisis del periodista Rafael Archondo, tras la salida de Evo Morales en noviembre de 2019, Karen Longaric, “como diplomática de carrera, reincorporó a varios exfuncionarios relegados por la larga gestión de Choquehuanca, Huanacuni y Pary. Al despedirse del cargo, Longaric aseguró que el 70% del personal a su cargo ya era de carrera. Eso significa que los políticos nombrados por el MAS habían sido cesados de manera masiva. Sin embargo, Longaric también hizo nombramientos viciados por el parentesco o la lealtad partidaria. Los hermanos de dos ministros de Añez son los ejemplos más destacados”.
Pese a ello, la excanciller mantuvo al personal que era de carrera.
La importancia de un diplomático de carrera
Expertos consultados por Ideas sostienen que la política exterior es una de las tareas más sensibles de un país, por lo que “no puede estar en manos de cualquiera”. La formación y ejercicio de los diplomáticos de carrera debe estar orientada para defender de manera idónea los intereses y objetivos nacionales sobre la base de una planificación estratégica que determine aspectos geoestratégicos y geopolíticos que se establecen a través del análisis prospectivo de lo que significa el entorno internacional.
Álvaro del Pozo, analista internacional, sostiene que las funciones clásicas de los diplomáticos son negociar, representar, proteger, observar y fomentar las relaciones, de acuerdo con la Convención de Viena de 1961; por lo tanto, “son funciones que requieren talentos especiales, formación y capacidades especiales”.
“Antes, en el siglo pasado, la diplomacia estaba muy circunscrita a profesiones como el derecho y las ciencias políticas; hoy en día tenemos profesionales diplomáticos absolutamente diversos en su formación (economistas, administradores, comunicadores y abogados); se ha abierto el mundo de la diplomacia justamente porque las relaciones internacionales han adquirido también otras connotaciones que requieren perfiles también profesionales en ramas técnicas; por lo tanto, a esa formación se le debe incluir el manejo de idiomas”, explica del Pozo.
Según afirma Erick Kuhn Poppe, diplomático y catedrático universitario, la formación de un diplomático de carrera se basa principalmente en la preparación en las academias diplomáticas. La formación comprende relaciones internacionales, derecho internacional, comercio e historia diplomática.
No se trata, según este experto, de una carrera netamente teórica, sino que tiene que ver con la experiencia que se adquiere a través del desarrollo de la profesión, donde entran aspectos como negociaciones internacionales, análisis de prospectiva de política exterior, áreas que no se pueden adquirir en un día.
“Lo peor que puede hacer un país es improvisar con gente que no tiene formación, porque al momento de negociar, el diplomático debe tener conocimiento de las diferentes áreas que acabo de mencionar. Por más que la ideología sea de izquierda, de centro o de derecha, no sabrá qué significan los intereses y objetivos nacionales. La improvisación hace perder la perspectiva de la diplomacia”, sostiene.
“En la diplomacia no se puede improvisar; no es cuestión de buscar una posición o lineamiento ideológico, así se entiende por qué todos los países preparan a sus diplomáticos para que sepan defender, no los intereses del gobierno de turno, sino los intereses del país, que se sobreponen a los gobiernos”, añade.
El diplomático Agustín Saavedra Weise sostiene que la política exterior es el conjunto de herramientas que tiene un país para proteger y defender sus intereses y proyectarse en el duro mundo de la política internacional, donde hay confrontaciones y también alianzas.
“El diplomático es la primera trinchera de esa política exterior es el hombre que está en el extranjero buscando tres objetivos: representar dignamente al Estado que lo envió, informar adecuadamente lo que sucede en el país en el que está designado, y negociar. La negociación es un punto esencial en la carrera diplomática, sobre todo hoy cuando las negociaciones económicas y comerciales están a la orden del día”, explica.
Saavedra, que define la diplomacia como una profesión compleja, agrega que “el diplomático tiene que ser un generalista y a su vez un especialista, y tiene que defender y proteger siempre el interés nacional, proyectar el país y saber negociar correctamente en función de los intereses de su nación”.
Según Saavedra, “la Academia Diplomática funcionó siempre profesionalmente y con sentido nacional, en un país como Bolivia, multiétnico y multicultural, pero sin llegar a ningún tipo de fanatismo ni regresión”.
“Estamos en un momento caótico en la política exterior, espero que esto se encauce. No podemos inventar la pólvora ni podemos hacer política exterior a nivel folklórico, ni a nivel indigenista, ni a nivel colla o camba, la diplomacia es única y universal”, advierte.
Funcionarios idóneos
Durante el gobierno de Evo Morales, figuras no vinculadas con la carrera diplomática ejercieron cargos en legaciones diplomáticas de Bolivia en diferentes países, como el futbolista Ovidio Mesa, que fue cónsul general en Barcelona; el cantautor Juan Enrique Jurado fue designado embajador de Bolivia en Ecuador, y el artista Manuel Monroy Chazarreta trabajó como agregado cultural de la Embajada de Bolivia en Ecuador.
Además, muchos militares, excomandantes, fueron destinados al servicio exterior, entre ellos Freddy Bersatti Tudela, excomandante del Ejército, se desempeñó luego como cónsul en Chile, o Luis Trigo Antelo, excomandante de la Fuerza Aérea Boliviana, que fue nombrado embajador en Venezuela.
La comunicadora, activista y excandidata a la Alcaldía por el MAS Elizabeth Salguero se desempeñó tres años como embajadora en Alemania. “En mi caso yo cumplía con el manejo del idioma alemán e inglés, tenía experiencia en relaciones internacionales por mi relación con varias agencias de cooperación internacional y haber sido la presidenta del Parlamento Mundial por tres años. Asimismo, conocía las políticas y estrategias del Ministerio de RREE, así como todo lo necesario de la relación bilateral”, dijo Salguero a Ideas.
En la actual gestión de Luis Arce, al menos seis exautoridades del gobierno de Morales fueron designadas embajadores, entre ellos el exministro de Educación Roberto Aguilar y el exviceministro de Seguridad Ciudadana Carlos Aparicio.
Según observa el analista Álvaro del Pozo, “los nombramientos del actual Gobierno no son necesariamente de gente que ha salido de la Academia; estamos viendo la señora Felipa Huanca, a Nardy Suxo, varios políticos que han desempeñado funciones durante el anterior gobierno, donde no han acreditado ninguna formación con una especialidad en el rubro. La diplomacia es para diplomáticos”.
“En ningún caso responden a ese mérito, todo lo contrario, parecen responder a una prebenda, de dar consuelo, de dar trabajo, y es ahí donde hay una responsabilidad del Estado, porque estamos perdiendo todas las oportunidades que un mundo global nos ofrece con mucha más intensidad una vez que la pandemia sea superada”, observa.
Según su análisis, el mundo va a necesitar diplomáticos versados no solo en tratados y convenios, sino en economía y atracción de inversiones, porque el mundo lo requiere. “Este gobierno tendría la oportunidad de justamente prepararse para ese momento con diplomáticos formados para el efecto. Creo que estamos perdiendo una gran oportunidad, o la vamos a perder si esto se llega a ratificar”.
Del Pozo afirma que el MAS no cree en la diplomacia. “Es más, creo que la desprecia, son espacios para hacer favores políticos. No veo una intención de nombrar diplomáticos altamente formados, con acreditaciones”, concluye.
El lento nombramiento de embajadores
Hasta la fecha, de las 37 plazas de embajadores, el gobierno de Luis Arce solo ha nombrado a 10. Se trata de Romina Pérez Ramos (Irán), Diego Pary, (ONU), Nardi Suxo (España), Sebastián Michel (Venezuela), Maira Macdonal (Suiza), Elmer Catarina (Uruguay) Roberto Aguilar (Unesco), Carlos Aparicio (Perú), Sacha Llorenti (Alba) y Ramiro Tapia (Argentina).
“Hace aproximadamente cinco años, la Cancillería boliviana contaba con 584 funcionarios. De ellos, 320 estaban en la sede central de La Paz, 138 en las embajadas y 126 en los consulados. Bolivia conserva representaciones en 37 lugares, entre países y organismos. Con el arribo al gobierno de Evo Morales en 2006, el servicio diplomático boliviano empezó a experimentar una lenta erosión.
El nuevo canciller, David Choquehuanca, entendió de inmediato que la nueva administración no podía prescindir de los servicios y la experiencia de los funcionarios de carrera, que pasaban de pronto a su cargo. Sin embargo, también tuvo la pretensión de ir generando su propio personal, es decir, uno identificado con las ideas de MAS.
Por ello empleó una táctica de reemplazo gradual de lo viejo por lo nuevo. Los funcionarios de la burocracia a ser sustituida, empezaron a ser enviados a las misiones en el exterior. Después de ello, ya no eran reincorporados. Salir afuera era igual a aceptar el despido.
Así, a lo largo de 12 años, Bolivia se fue quedando sin diplomáticos de carrera. Los nuevos nombramientos de la era del MAS no beneficiaron a los egresados de la Academia Diplomática Plurinacional, sino a excomandantes de las Fuerzas Armadas, exministros caídos en desgracia y algunos dirigentes sindicales. Contados son los ejemplos de reclutamientos notables.
Tras la salida de Choquehuanca, la erosión simplemente siguió su curso. El MAS no produjo una nueva camada de diplomáticos competentes a pesar de haber gobernado durante casi dos décadas. Las misiones sirvieron para pagar favores. Hubo un momento en que había embajadores de pasado militar en Francia, Argentina, Panamá, Brasil o Estados Unidos. Solo puestos clave
Lo de Mayta es una ecuación suicida, amputa años de memorias y destrezas acumuladas, pero también paraliza los reemplazos.
Esta lentitud puede deberse a la voraz pugna interna dentro del MAS. Cada nombre que se asoma, es contrapuesto por otro, cargado de iguales cuestionamientos. Resulta increíble que desde 2006 hasta la fecha, el MAS no haya sido capaz de entender que para construir un cuerpo diplomático riguroso y experimentado, no hace falta perder los cuadros ya formados”. Rafael Archondo
Punto de vista
Javier viscarra v.Periodista y diplomático
El primitivismo de empezar de cero
El éxito del trabajo diplomático se basa en la preparación, la experiencia y la sagacidad de sus actores. Al menos, si realmente se quiere defender y promover los intereses del Estado.
Esto se aplica en las relaciones bilaterales y, por supuesto, en las multilaterales, donde el país no enfrenta a sindicatos, donde se puede imponer posiciones o perder los estribos y gritar. Se debe negociar, consensuar y para esto se necesita especialistas en el manejo de las relaciones y la negociación internacionales.
El despido de más del 90% de los diplomáticos de carrera, ordenado por el canciller Rogelio Mayta, es una determinación que amputa las posibilidades del país en infinidad de áreas delicadas, como las relaciones comerciales y la negociación por las aguas internacionales, para citar apenas un par de temas.
Bolivia no puede seguir sin rumbo. No se puede reiniciar todo cada vez que hay un cambio en la administración del país, no es serio y no ocurre en ningún cuerpo diplomático del mundo. Es suficiente para ello dejar de mirarnos el ombligo y observar cómo se conducen los servicios diplomáticos de los países vecinos, que son con los que mayor interacción y comunidad de intereses tenemos. Ninguno está en el primitivismo de empezar de cero en pleno siglo XXI.
No es admisible, además, que las razones para pulverizar una pléyade de profesionales en diplomacia sea el racismo y la discriminación, como lo ha dejado saber el Canciller en un programa televisivo y menos que la decisión provenga de un profesional formado en el área de los derechos humanos.
Que todos los caminos están cerrados como sentencia el Canciller, enviando a los diplomáticos a la justicia para hacer valer su reclamo, no es un buen síntoma para la diplomacia, cuya esencia debiera ser el diálogo y la negociación en la búsqueda de soluciones razonadas. No es aconsejable seguir ahondando diferencias en el país, levantando muros raciales.
Los diplomáticos supuestamente de “nariz respingada”, como ahora nos tilda el ministro Mayta, somos tan bolivianos como cualquier otro conciudadano.
Bolivia no merece seguir a la deriva. Por qué improvisar en un área que no perdona los errores.




