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Medio: El Deber
Fecha de la publicación: miércoles 10 de febrero de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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Con motivo de la celebración del Día Nacional de la Transparencia y Lucha Contra la Corrupción el 8 de febrero, el presidente Luis Arce lanzó un contundente anuncio: “No vamos a permitir ni un solo acto de corrupción”, y dijo que para transparentar las contrataciones estatales se impulsa el sistema de subasta electrónica y mercado virtual.
Las promesas absolutas suelen ser muy difíciles de cumplir y, sin embargo, son habituales en los mandatarios bolivianos en sus inicios de gestión. Con el paso de los años, usualmente tienden a corregirse o relativizar las expectativas al encontrarse con una realidad muy distinta a la de los sueños, las buenas intenciones o la demagogia, según sea el caso.
El presidente Arce parece ir en esta materia por la misma ruta de inicio que eligió su antecesor Evo Morales. Es inevitable la comparación dado que son del mismo partido y, a medida que se acercan los primeros cien días de su gestión, son más las similitudes que las diferencias entre ambos mandatarios.
El discurso de “la derecha”, la culpabilización al anterior Gobierno, en este caso a Jeanine Áñez a quien identifica como el origen de todos los males económicos del país, el anuncio del reflotamiento de las fracasadas empresas públicas, hacer campaña electoral desde su función presidencial, o amenazar con no apoyar a las regiones donde la población no apoye a los candidatos de su partido, son algunos de esos rasgos comunes, solo para enumerar los de actualidad más reciente.
El 22 de enero de 2006, en su discurso de posesión de aquel primer mandato, el entonces presidente Evo Morales también dijo que garantizaba la honestidad de su Gobierno. “Cero de nepotismo, cero de corrupción será el lema del nuevo gabinete”, decía entonces el líder del Movimiento Al Socialismo.
Y no solo se quedó ahí. Un emocionado Morales en el que una parte del mundo tenía puesta su mirada por su origen indígena, se animó ese día a proclamar que “no habrá coca cero, pero sí apostamos por la cocaína cero, narcotráfico cero”.
Ni en su gestión hubo nepotismo cero, ni corrupción cero; al contrario, casos como el de Gabriela Zapata y CAMC, las barcazas chinas, los 100 millones de dólares del Fondo Indígena depositados en cuentas particulares de dirigentes del MAS, la falsificación de visas chinas, los viajes de placer de ministros en el exterior del país, los 33 camiones que evadieron controles fronterizos en Pando que involucraron al exministro Juan Ramón Quintana, el caso Catler, el caso Ostreicher, los proyectos fantasmas del Fondioc, compras con sobreprecios en Papelbol y tantos otros casos son la prueba de que lo de ‘corrupción cero’ rápidamente se convirtió en papel mojado.
Y lo de ‘narcotráfico cero’ se parece más a una cruel ironía en un país donde las autoridades formalmente designadas para combatir al narcotráfico eran dirigentes de cocaleros, que son los productores de la materia prima de la cocaína, un país considerado como uno de los tres grandes productores de coca y cocaína del mundo.
Por todas esas razones, la tentación de ganar titulares de la prensa con promesas de difícil cumplimiento puede terminar rebotando contra los propios intereses, convengamos que bienintencionados, de autoridades que debieran medir el alcance de sus expresiones, y con mayor razón si los antecedentes de sus entornos partidarios no son precisamente los mejores.



