Medio: La Razón
Fecha de la publicación: lunes 18 de enero de 2021
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones subnacionales
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Estas contradicciones expresan la búsqueda (contingente) de un nuevo formato en el proceso decisional en el MAS que, antes de noviembre de 2019, dependía de la centralidad del “jefazo” que ocupaba el centro decisorio como presidente del Estado, del partido y de la coalición de organizaciones sindicales. Hoy, el MAS vive la rutinización del carisma de Evo Morales; su rol histórico fue reconocido de manera apoteósica por sus seguidores en su retorno (exactamente un año después de su partida al exilio en una suerte de heroísmo minimalista), pero ese reconocimiento no implica una aceptación indiscutible de su liderazgo. Nunca fue indiscutible (lo estudié en mi libro Mandato y contingencia. El estilo de gobierno de Evo Morales) pero, en esta coyuntura, sus decisiones fueron cuestionadas, en algunos casos repudiadas —El Alto y Potosí, los más visibles— como consecuencia del incumplimiento de las resoluciones del ampliado del MAS que resolvió que la elección de candidaturas debía seguir dos criterios: renovación —veto a quienes estuvieron en el gobierno en el pasado— y decisión de las organizaciones sociales —sin incidencia de la dirigencia del partido—. Los conflictos —algunos con violencia— en la definición de las candidaturas fueron resultado de la inobservancia de estas reglas. Y eso fue resultado de una contradicción, antes inexistente, entre las organizaciones sociales, reagrupadas en el Pacto de Unidad, y el “instrumento político” (MAS-IPSP). Ahora, paradójicamente, el partido es fortalecido como institución puesto que se ha convertido en un recurso de poder para Evo Morales en la medida que sigue ostentando el cargo de presidente del MAS (antes nominal, ahora eficaz). Por las circunstancias, Evo Morales promueve un proceso de institucionalización del partido que transcurre al margen del Gobierno, un hecho que nunca procuró — ni ocurrió— durante su presencia en el poder. Esta contradicción explica las disyunciones internas y se alimenta con la disparidad de criterios sobre las causas del golpe de Estado que, en la visión de Evo Morales y sus allegados, no contempla ninguna responsabilidad y se refugia en la victimización. Es evidente que la autocrítica en las filas del MAS es una asignatura pendiente. Sin ese acto no habrá renovación discursiva y sin renovación discursiva —y de liderazgos— será difícil que el MAS impulse una nueva fase en el “proceso de cambio”, más necesaria que nunca.



