Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: viernes 15 de enero de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Se han hecho diversas lecturas sobre el fracaso de la oposición al MAS en las elecciones pasadas: los errores en la mirada de país, en el discurso, en la falta de renovación de liderazgos. También la debilidad general del sistema de partidos.
La democracia, tradicionalmente, tiene en los partidos políticos su pilar fundamental: son ellos los que reflejan las ideologías imperantes, las líneas de pensamiento y acción predominantes.
En Bolivia, la historia de los partidos políticos ha sido azarosa y generalmente los más fuertes grupos políticos han sido los movimientos populares.
Pero, en algo se debe convenir y es en el hecho de que este último tiempo se ha caracterizado, sobre todo por la pobreza de opciones partidarias y porque las agrupaciones que han surgido no han alcanzado la categoría de nacional y se han quedado como opciones regionales y locales.
Otro rasgo ha sido el poco recambio generacional. Incluso el MAS ha caído en ello, lo que ha provocado una crisis, como se ha visto recientemente.
En la oposición ocurre algo similar, pues varias de las propuestas vigentes vienen de otros partidos o cambian de una tienda a otra.
Por ejemplo, decenas de candidatos a las próximas elecciones subnacionales participaron en los comicios anteriores con otra sigla. Un recuento realizado por Página Siete descubrió esos casos en todos los departamentos del país. Mucho de eso se vio ya en las elecciones presidenciales de octubre pasado, cuando candidatos como Tuto Quiroga, Chi Hyun Chung y María de la Cruz Bayá aceptaron cualquier sigla con tal de participar. Lo mismo ocurrió con los jefes de los partidos: ofrecían sus siglas al mejor postor.
Rumbo a las elecciones previstas para marzo próximo, algunos de los casos no pueden llamarse propiamente “transfugio”. Eva Copa, por ejemplo, abandonó a su partido, el MAS, porque este no procedió de manera democrática a elegir a los candidatos municipales en El Alto. Otras personas sí pueden ser llamadas “tránsfugas” debido a su permanente salto de una sigla a otra. A esos políticos les interesa la política en sí, no tanto las ideas que pregonan ni qué propuestas tienen.
Con todo, esto es parte de la crisis del sistema político que ya hemos presenciado, y la falta de propuestas y opciones con las que se enfrenta el elector boliviano. Hay una subasta de siglas, una falta de coherencia con las normas de los partidos políticos, no hay una identidad que les permita permanecer siquiera en la memoria colectiva. En el pasado, las siglas de los partidos podían decirnos algo: una ideología, una lectura de la realidad. Hoy son sólo parte del mercado de los votos.



