Medio: La Razón
Fecha de la publicación: miércoles 30 de diciembre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones subnacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Cumplido el plazo fijado en el calendario electoral para el registro e inscripción de candidatos que competirán en los comicios departamentales, regionales y municipales del 7 de marzo, la tónica predominante fue de tensión y disputa. Claro que también hubo proclamaciones y festejos. Surgieron o reaparecieron agrupaciones ciudadanas configurando un mosaico variopinto en la geografía nacional. Y hubo acuerdos parciales y candidaturas de última hora. Las elecciones 2021 en su hora determinante.
La buena noticia del proceso electoral en curso es que, en general, expresa indicios de pluralismo y renovación. Miles de candidaturas a cargos de gobierno y de representación muestran nuevos rostros y multiplican el número de organizaciones políticas (más allá de los partidos). Cierto que ello puede leerse también en clave de divisionismo y fragmentación. La sana y necesaria competencia de liderazgos locales y regionales puede derivar en fisuras e incluso en rupturas, como se vio en estos días.
Que haya muchas candidaturas para acceder a una alcaldía o una gobernación expresa el derecho ciudadano, reconocido en la Constitución Política del Estado, a concurrir como elegible a la formación y al ejercicio de funciones en los órganos del poder público, en este caso del nivel subnacional. Pero que todas las personas tengan el derecho de postularse en una elección no significa que todas ellas estén en condiciones de hacerlo. Se requiere liderazgo, estructura orgánica, propuestas de gobierno.
Vista la agitada ritualidad en torno a la selección e inscripción de candidaturas, la interpelación principal tiene que ver con el sistema de representación política. ¿Cuáles son los mecanismos de democracia interna adoptados por los partidos, las agrupaciones ciudadanas y las organizaciones indígenas para definir sus jefaturas y candidaturas? ¿Los tienen? Y así fuese, ¿cumplen dichos mecanismos? ¿Y en qué instancia orgánica se decide, por ejemplo, ser parte de una alianza o desistir de ella?
Las fisuras e intereses expresados en el actual proceso electoral, como ocurrió en anteriores comicios, muestran que la institucionalización del sistema político es todavía una asignatura pendiente en democracia. La premisa, quizás inalcanzable dada nuestra cultura política, es que las organizaciones que compiten para representar a la sociedad sean, en sí mismas, democráticas. Igual pese a la fragmentación y las ambiciones de unos y otros, al final es la ciudadanía la que, con su voto, decide.



