Medio: El Día
Fecha de la publicación: miércoles 23 de diciembre de 2020
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Demandas
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
La otra equivocación que se comete frecuentemente gira en torno a la conformación de la clase media en Bolivia, creyendo que se trata sólo de estratos típicamente urbanos, profesionales, personas con cierto nivel educativo, criollos desde el punto de vista étnico y con una mentalidad acuñada en los valores de la cultura tradicional conservadora. Nadie incluye en esta franja a la inmensa burguesía mestiza que dinamiza la economía nacional a través de los negocios informales y actividades “no convencionales” que gozan del respeto y de la permisividad del “proceso de cambio”.
Cuando gran parte de la población se levantó contra Evo Morales en octubre de 2019, fue sorprendente el hecho de que las calles y las carreteras no se llenaran de sus adeptos para defender a su líder y al régimen que tanto los ha beneficiado. La rebelión se hubiera sofocado inmediatamente, pero el caso es que los gremiales, los contrabandistas y todo ese ejército de comerciantes, de transportistas y de negociantes de toda índole no suelen asomar la cabeza en situaciones como éstas, porque ellos no mezclan dinero con política, son demasiado inteligentes como para pelearse con quienes hacen negocios todos los días, aunque sí se manifestaron claramente en el anonimato de las urnas, porque su opción es y siempre será la estabilidad que les asegure el porvenir financiero.
Los estrategas políticos creen que si la oposición pretende ganarle al MAS debe cambiar de discurso y de actitud para captar a esa nueva burguesía que habita en el Chapare, en El Alto, en Yapacaní, San Julián, Montero, Sacaba, Quillacollo o Yacuiba. No hay duda que eso sería lo lógico, pero más próxima está la oportunidad de Luis Arce de sincerarse con el país y dejar de lado su discurso y sus programas socialistas que contradicen la esencia de cocaleros y alteños, que son más capitalistas que Donald Trump y que tienen más en común con cruceños, benianos y paceños de la “hoyada” que con cubanos y venezolanos.
Evo Morales ya dio algunas señales (muy torpes, por cierto), cuando autorizó la quema de bosques para darle rienda suelta al capitalismo salvaje, impulsar los biocombustibles y asegurarse el voto de los agropecuarios del oriente. Luis Arce necesita dar ese paso que se vuelve ineludible en medio de la amenazante pandemia y la ausencia de respuestas provenientes de la clásica estructura productiva extractivista. Si no lo hace destruirá no sólo a esa parte del país que no lo apoya y que tanto combate, sino también a aquellos que no le fallaron en octubre.
Más próxima está la oportunidad de Luis Arce de sincerarse con el país y dejar de lado su discurso y sus programas socialistas que contradicen la esencia de cocaleros y alteños, que son más capitalistas que Donald Trump y que tienen más en común con cruceños, benianos y paceños de la “hoyada” que con cubanos y venezolanos.



