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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 20 de diciembre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Definamos “tendencia” como el cambio en el porcentaje de votos válidos para un candidato con respecto al total de votos válidos, en un periodo corto. Los análisis de “tendencia” se basan en el avance en el conteo de votos. Pero el orden del conteo no es aleatorio. Seria aleatorio si el TSE tuviera las 35.600 actas en una caja, extrajera un acta tras otra en forma aleatoria y las fuera contando en ese orden. Si fuera así, sería más razonable hablar de “tendencias”. Pero esto no sucede en la realidad.
Permítanos un ejemplo sencillo. Supongamos que hay solo 5 actas y cada una de ellas tiene 20 votos. Supongamos que hay dos candidatos, A y B, y que los votos se distribuyen entre esos dos candidatos, como se muestra en la Tabla 1.

Ahora supongamos que el orden de conteo de las actas es 1, 2, 3, 4 y 5. Con 20 votos contados, el candidato B está muy feliz, pues gana 15 a 5. Con 40 votos contados, el candidato A está muy feliz pues gana 25 a 15. Con 60 votos contados A sigue feliz, pero muy preocupado, pues su ventaja ha bajado de 25 contra 15 a 31 contra 29. Con un conteo de 80 votos, A y B están muy preocupados, pues empatan. Con todos los 100 votos contados, A esta muy enojado, pues pierde 46 a 54. Es entonces que los partidarios de A se rajan las vestiduras y dicen “hay fraude, pues es claro el cambio de tendencia”.
Pero ahora supongamos que el orden de conteo de las actas es 5, 4, 3, 2 y 1. En ese caso, con 20 votos contados B está contento porque gana 14 a 6. Con 40 votos contados, B sigue feliz pues gana 25 a 15. Con 60 votos contados B ya está extático, pues gana 39 a 21 con más de la mitad de las actas contadas. Con 80 votos contados B ya quiere hablar de fraude por “cambio en la tendencia”, pues va perdiendo 39 para B y 41 para A. Y, cuando el conteo alcanza el total de 100 votos, B acaba con 54 votos y A con 46 votos y es cuando A quiere hablar de fraude por “cambio en la tendencia”.

Se puede repetir este ejercicio en cualquier orden (por ejemplo, primero acta 3, luego 1, luego 4, luego 2 y al final 5, o cualquier otro orden) y la “tendencia” cambiará según el orden que elijamos. Así que no es racional pensar que la “tendencia” en cualquier momento del conteo sea una señal confiable de un resultado final, pues ésta depende del orden en el cual se contabilizan las actas.
Hemos realizado un análisis similar al del ejemplo anterior, utilizando los resultados de 21 momentos durante el conteo de las elecciones presidenciales en Bolivia de octubre del 2020. Cada uno de esos momentos representa aproximadamente 250 mil votos. Es decir, construimos 21 grupos de resultados parciales del cómputo, el primero de los cuales representa los primeros 250 mil votos válidos computados (aproximadamente), el segundo representa el segundo grupo de 250 mil votos válidos computados (aproximadamente) y así sucesivamente. A cada grupo de resultados parciales lo titulamos 1, 2, 3, etc. en forma consecutiva.

En la Gráfica 1 se ven tres líneas, rubricadas A, B y C, que representan tres órdenes distintos de contar los resultados para el MAS-IPSP, más el orden de conteo del cómputo oficial. Por supuesto que hay muchísimas variaciones para el conteo de los resultados parciales (exactamente 21 factorial), pero la gráfica tendría algo más de 51 trillones de líneas y no serviría mucho.
La Gráfica 1 muestra una tendencia ascendente del porcentaje de voto para el MAS-IPSP a lo largo de la progresión del cómputo oficial. La línea A representa una simulación del cómputo en base a un reordenamiento de los 21 grupos de votos válidos. Este reordenamiento cuenta primero los votos con las tasas más altas a favor del MAS. En este caso, la tendencia es constantemente descendente. La línea B es un reordenamiento inverso al orden del cómputo oficial. La tendencia es mayormente descendente. La línea C es un reordenamiento donde se cuenta primero el voto que no sea de las cinco ciudades donde CC y Creemos obtuvieron la mayoría de su voto. Es decir, se cuentan primero las localidades que no sean La Paz, Santa Cruz, El Alto, Cochabamba y Oruro; en orden de mayor a menor votación para el MAS-IPSP. La tendencia es variable entre ascendente y descendente.
Como en el orden de conteo oficial el MAS empieza con un porcentaje bajo y crece en forma sostenida a medida que avanza el conteo, quienes son contrarios a ese partido se sienten frustrados y piensan “aquí hay gato encerrado”. Pero no es así. Si se contaran las actas en el orden opuesto al del conteo oficial, el MAS empezaría con un porcentaje muy alto, cerca del 70% y bajaría su porcentaje constantemente hasta llegar al 55%

De manera similar, realizamos simulaciones de reordenamiento del cómputo de votos para CC y Creemos aplicando criterios análogos a los realizados en la Gráfica 1. Por razones de espacio no incluimos esas gráficas aquí, pero ellas también resultan en “tendencias” divergentes de las observadas en el cómputo oficial.
La Gráfica 2 muestra el efecto de simular un reordenamiento de los 21 grupos de votación de una manera exactamente inversa a la del cómputo oficial, presentado en la Gráfica 3.
Es notable la relativa estabilidad de los porcentajes para todos los partidos hasta aproximadamente los 4 millones de votos, cuando una mayor tasa del voto citadino en el conteo tiene un efecto ascendente en los porcentajes de CC y Creemos y descendente en las tendencias del voto para el MAS-IPSP. Habría que preguntarse cuál habría sido el efecto en el ambiente político durante y después del conteo de haberse dado estas tendencias tan diferentes a lo que aconteció, pero que culminarían en un resultado final idéntico al del cómputo oficial.
Pasando a un tema relacionado, aunque distinto al tema de la tendencia, la Tabla 2 muestra ciertas características de la votación por partido con relación a una localidad o un grupo de localidades. El CC obtuvo el 66% de su voto en las siete ciudades capitales de mayor población y El Alto. CREEMOS obtuvo el 54% de su voto en la localidad de Santa Cruz de la Sierra. El MAS obtuvo el 60% de su voto en zonas peri-capitales o rurales, es decir en el conjunto de 3,644 localidades excluyendo a las ciudades de La Paz, Santa Cruz, Cochabamba, Oruro y El Alto. En contraste a la importancia del voto peri-capital, el MAS sólo obtuvo el 14% de su voto en El Alto. Esta concentración del voto por partido en una localidad o en un grupo de localidades, permite analizar el efecto de reordenamientos del cómputo de votos para simular su efecto en las tendencias de votación durante el conteo.
En resumen, la tendencia del porcentaje de votación es una estadística que responde a factores complejos y no sirve para un pronóstico confiable del resultado final, a menos que se considere el efecto del orden del cómputo en los votos ya contados y los que falta por contar. Sin duda hace falta en nuestro país un análisis e información al momento del conteo que tome en cuenta estos factores y provea de información completa sobre posibles cambios en la tendencia de acuerdo con un buen entendimiento del orden del conteo de votos, como también de un claro análisis de las localidades que son bastiones para cada partido y en el orden que estas localidades entran al cómputo oficial.
De lo contrario, seguiremos rasgándonos las vestiduras, unos y otros, sólo por interpretar erróneamente los resultados parciales. Este tipo de análisis puede aplicarse a cualquier elección y esperamos que se utilice esta lección aprendida al reportar y analizaren los resultados parciales de las próximas elecciones subnacionales y las subsecuentes.



