Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: martes 15 de diciembre de 2020
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Renovación dirigencias
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Desde anuncios de encuestas internas y electrónicas en redes sociales, congresos nacionales, departamentales, municipales, y subcentrales, hasta proclamaciones por Organizaciones Territoriales de Base (OTB). A la vez, muchas alianzas políticas están en la tentación de incluir figuras de notoriedad pública para sumar votos. El Movimiento Al Socialismo (MAS) descartó los invitados en sus candiaturas.
La trayectoria política, reconocimiento social, ser militante de la organización política, son parte del abanico de mecanismos que vienen siendo aplicados para designar candidatos.
Desde la sociología y la ciencia política, la selección y reclutamiento de candidatos es uno de los procesos más importantes y conflictivos que los partidos políticos deben realizar, ya que se relaciona directamente con la delegación partidaria: los elegidos serán quienes representen al partido ante el electorado.
Es así que la inexistencia de mecanismos de reclutamiento poco transparentes deriva, casi siempre, en posibles disoluciones de alianzas políticas, debilitamiento de la cohesión partidaria y, por ende, en una crisis de representación.
La literatura existente en este campo ha identificado dos grandes maneras de realizar la selección de candidatos: a) centralizada, y b) descentralizada.
En la forma centralizada las decisiones están concentradas en un grupo pequeño de personas, por lo tanto, la designación de candidatos es atribución exclusiva de ese grupo, este cerramiento o concentración de las decisiones –aunque permite mayor organización y disciplina dentro de partidos– genera, en la mayoría de ellos, la imagen organizaciones autistas e incapaces de representar otros intereses diferentes a los de su élite: caudillismo, ausencia de democracia interna.
Por otro lado, la forma descentralizada, se divide en cerrada y abierta. La primera hace referencia a la participación de los militantes (inscritos) de la organización política en la selección de candidatos, mientras que la segunda toma en cuenta a los ciudadanos comunes. Esta descentralización de las decisiones, aunque permite mayor participación, deja abierta enormes posibilidades que se den conflictos de alta tensión al interior de las organizaciones.
En Bolivia se han identificado dos mecanismos de selección que son utilizados por los partidos y alianzas políticas. La primera tiene su origen en la denominada democracia intercultural que fija normas y procedimientos propios de las comunidades indígenas campesinas.
Se caracteriza porque la selección de candidatos es realizada utilizando mecanismos propios de las comunidades indígenas, es un proceso donde participan los miembros de la comunidad y está suscrita únicamente al área rural. La compleja composición social en las áreas urbanas, la densidad poblacional entre otros, complican su aplicación en las ciudades.
La democracia multicultural amplía y combina diversas formas institucionales de representación y participación que se gestaron en el transcurso de la historia y en determinados espacios socioculturales, para cumplir un objetivo elemental: mejorar la capacidad y calidad del desempeño del Estado para responder a las necesidades y demandas de la sociedad. Estos criterios adquirieron carácter institucional en la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia (CPE), aunque cabe advertir que la democracia intercultural carece de una definición precisa.
La segunda forma se caracteriza porque la selección de candidatos es realizada por los miembros de las élites de las organizaciones partidarias, no existe la participación de miembros de la militancia, sin embargo, no se descarta que al interior de esta forma existan difusas reglas para encarar este aspecto crucial de los partidos políticos.
Parece algo muy sencillo de resolver, pero, la selección de candidatos bajo esta forma implica al igual que en la primera, el despliegue de un abanico de estrategias. Existe en la mayor de las veces el peligro de rupturas y quiebres con las alianzas políticas y, por ende, la posibilidad del fracaso está siempre presente.



