Medio: El País
Fecha de la publicación: martes 15 de diciembre de 2020
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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En 2019 el MAS cayó y los poderosos superministros perdieron rápidamente sus legitimidades. Los campesinos no bloquearon las calles y la Central Obrera no declaró paro indefinido. En el mes de enero el propio Evo Morales lamentó eso en una entrevista de este medio en Buenos Aires.
Cuando salieron del shock, en parte obligados por la proscripción, en parte motivados por el permanente insulto vertido desde el Gobierno de Áñez hacia las clases populares, el Movimiento Al Socialismo se volvió a recomponer desde el poder legislativo, pero, sobre todo, desde las comunidades.
Muchos de los voceros de la última etapa del MAS desaparecieron mucho más rápido que Evo Morales. Se ocultaron en sus casas o viajaron a países exóticos. Algunos quisieron borrar su pasado reciente, negar los buenos negocios que hicieron con las autoridades del MAS y hasta mandaron a sus papás a limpiar la imagen de la familia.
Algunos quisieron borrar su pasado reciente, negar los buenos negocios que hicieron con las autoridades del MAS y hasta mandaron a sus papás a limpiar la imagen de la familia
Mientras tanto, nuevos voceros surgían desde las comunidades o desde el siempre zarandeado poder legislativo. Nuevos cuadros convencidos de la trascendencia del proceso por encima de sus actores, y que juraron volver.
Evo eligió a Luis Arce y David Choquehuanca convenció a las bases de que eso tenía que ser así para ganar, y lo cierto es que ganaron. Arce arrolló con un 55% y 25 puntos más que Carlos Mesa en una elección administrada por un TSE neutral y un Gobierno que había entregado su decencia para erradicar al Movimiento Al Socialismo de la faz de Bolivia.
Rápidamente todos los analistas pasaron a debatir sobre qué MAS había ganado las elecciones y qué MAS iba a gobernar el país. También qué Evo Morales iba a regresar a Bolivia y con qué intenciones, pero pocos se preocupaban realmente de lo que realmente estaban pensando las comunidades y sectores populares, legítimos vencedores de la contienda.
La carrera por las subnacionales llega en este contexto de reacomodo de fuerzas, con un Evo Morales que ya no es Presidente incontestable, pero que acumula poder en puestos clave y, sobre todo, en el partido. Su instinto de animal político lo hace protagonista donde esté, pero sus decisiones requieren de mayor respaldo social y político que cuando era Presidente.
La agresividad con la que se están desarrollando algunos ampliados, los desconocimientos a decisiones cerradas, las rupturas a consensos se están llevando al extremo, lo que erosiona a Morales. Basta el ejemplo de Tarija: el dirigente campesino Osvaldo Fernández, ausente desde 2019, se atrevió a amenazar con movilizaciones al propio Evo Morales si su candidato no es el elegido…
El MAS es un partido vivo frente a otros partidos muertos, donde solo existen dirigentes, y la legitimidad de un candidato la dan evidentemente las bases. Pero tal vez Evo Morales no haya aprendido nada de todo esto. Ni las bases.



