Obviamente, las elecciones son la causa. A través de estas, los partidos tendrán acceso a los niveles de gobierno sub nacional; es decir, a los que están por debajo del nacional que, por ahora, son el departamental y el municipal. Controlar las gobernaciones y alcaldías se ha convertido en un suculento negocio. Los sueldos de las autoridades electas son generalmente altos, en relación a su medio, pero, además, está la tentación de los sobornos por las “ayuditas” en la adjudicación de contratos… razones demás para buscar esos cargos.
Por tanto, las candidaturas son apetecidas en todas las organizaciones políticas con personería jurídica. Las que no la tienen acceden a ellas a través de alianzas, que no son otra cosa que acuerdos para distribuirse las plazas que pueden obtenerse mediante el voto.
Ahora que ese partido ha retomado el poder, prácticamente todos quieren ser candidatos porque creen, y así nos lo hacen creer también a nosotros, que, aunque no logren alcanzar el cargo que buscan mediante el voto, al final terminarán obteniendo uno ya que el Movimiento Al Socialismo se ha caracterizado por premiar a sus fieles. Si un candidato pierde una elección, el partido le consuela con algún cargo en la administración pública o bien en alguna de las legaciones diplomáticas en el exterior, ya que la carrera diplomática ha sido puesta por los suelos hace muchos años.
Aunque no es el único, el MAS es el partido que más ha hecho noticia en su afán de designar candidatos. Comenzó con los anuncios de que serán las bases quienes decidan y hasta se hizo público que se pondrá los estatutos por encima de todo. En ese marco, se dijo que para ser candidato es necesario tener un mínimo de antigüedad de ocho años como militante.
Pero todo fueron palabras. El caso más evidente es el del candidato a alcalde de Cochabamba quien, hasta el momento del anuncio, se desempeñaba como Defensor del Pueblo en ese municipio. ¿Tiene ocho años de antigüedad? Si es así, su nombramiento puede ser impugnado de nulidad porque su cargo necesitaba de inexistencia de militancia política. Si no los tiene, entonces el MAS no cumple lo que dice.
Sobre la base de ese y otros casos, surgieron en el mismo MAS las denuncias de que no se estaba respetando ni los estatutos ni las decisiones de las bases. Y, de pronto, el rechazo comenzó a expresarse en la mismísima cara del líder nacional de ese partido, el expresidente Evo Morales. Primero fue en Cochabamba y después en Betanzos, Potosí. En el valle, él intentó persuadir a sus militantes con una reja de por medio, y no lo consiguió. En Betanzos, los descontentos por los candidatos que él respalda lo acorralaron en una oficina, sin reja de por medio, y estuvieron a punto de agredirle físicamente.
Es el rechazo de la militancia frente a las designaciones verticales, el “dedazo” que no había sido cuestionado en el pasado y ahora parece no tolerarse más.
¿Por qué pasa esto en el MAS? Por una parte está la ambición, la codicia de los grupos internos, pero, por otra, es el resultado de las pugnas en el único partido político que puede considerarse como tal.
Es un síntoma de la descomposición de la clase política boliviana.



