Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 09 de diciembre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones subnacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Entrando a la carrera preelectoral de marzo del siguiente año para elegir gobernadores y alcaldes, dos dilemas grandes e importantes asoman al bloque antimasista; no desde hace poco, sino desde hace bastante tiempo. El primero es el factor del desconocimiento de la sociedad que se quiere representar, el segundo, la falta de estrategia política.
En el primer dilema (desconocer la sociedad que se quiere representar), el antimasismo sigue repitiendo, en escala de menor a mayor eco, los siguientes mensajes: hubo fraude el 18 de octubre pasado, al MAS se le debió prohibir participar en las elecciones, es Evo el que gobierna, el problema de Bolivia sigue siendo un asunto de orden legal y político. Gastan tiempo y energías hablando del fraude o del golpe de Estado.
No existe aún pista alguna de que quieran conectar con las preocupaciones más inmediatas de la población, más aún tratándose de una elección en la que el factor territorial es el que importa. Hasta ahora, ni Comunidad Ciudadana, que piensa que introducir recursos al Tribunal Constitucional es sinónimo de conectar; ni Creemos, que sigue sin definir si entrará a competir del todo en el sistema de partidos o si seguirá desde la trinchera de la calle; ninguno de ellos puede salir de su personal tránsito poselectoral.
En el segundo dilema (la falta de estrategia política), los resultados del pasado 18 de octubre, contrarios al bloque antimasista, siguen sin ser procesados plenamente por éstos, porque pareciera que continúan en proceso de negación, sin poder asumir autocríticamente sus propios errores y resistiéndose a hacerse cargo de los mismos. Y ese momento les llegó repentínamente con la convocatoria a elecciones subnacionales del siguiente año, para las que no estaban preparados. Sin poder solucionar su primer momento de crisis poselección nacional, difícilmente encararán las siguientes elecciones.
Hasta ahora, lo que se evidencia en este segundo dilema es el hecho de que Comunidad Ciudadana y Creemos, partidos con representación parlamentaria, decidieron ir en solitario por aquellos espacios territoriales en los que tuvieron una votación expectante en las elecciones nacionales, la ciudad de La Paz y el departamento de Santa Cruz respectivamente.
Debajo de estas organizaciones políticas existen otras tantas y variadas, cuyo alcance territorial aparentemente es su mejor apuesta; mientras que su mensaje principal, por ahora, sigue siendo el que escuchamos bastante en los últimos procesos electorales: la unidad en un solo bloque para enfrentar al MAS. Es decir, es el antimasismo lo que los une, no la búsqueda de la representación del proyecto posmasista.
En suma, si se considera que estamos viviendo una transición política que cerrará un ciclo iniciado en 2006, tenemos que mirar hacia la propuesta de este bloque antimasista, porque el recambio generacional de la clase política hacia el 2025 -y no hablo de juventud- estará entre quienes sean electos en marzo y quienes realicen un trabajo notable en la Asamblea Legislativa en los siguientes años; de lo contrario, será nuevamente el tiempo del outsider, del político que aparece por fuera del sistema, que se ve impulsado por un sector de la sociedad desencantada con quienes dicen representarla.
Marcelo Arequipa es politólogo y docente universitario.



