Medio: El Día
Fecha de la publicación: domingo 06 de diciembre de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Tal vez pocos saben que en Cuba se celebran elecciones. Se hacen cada cinco años para designar a los delegados provinciales y a los diputados que tienen la responsabilidad de nombrar al jefe del gobierno, cargo que ejerció Fidel Castro durante 49 años. La más reciente votación se hizo en el 2018, cuando el partido comunista de la isla decidió que el sucesor de los hermanos Castro debía ser Miguel Díaz-Canel. Obviamente, el ganador fue justamente él, pues además no había más candidatos y el organizador y supervisor de los comicios es nada menos que… el partido comunista.
Sufragar es voluntario en Cuba, aunque muy pocos se atreven a incumplir. El gobierno tiene los mecanismos para saber si acudiste o no a votar o si anulaste el voto, la única alternativa posible a la legitimación de las autoridades, claramente dictatoriales, pues no existe pluralismo ni competencia entre candidatos de distintas agrupaciones políticas. De cualquier forma, el gobierno se entera y su manera de castigar es suprimir o alterar la cartilla de racionamiento, una forma tan vieja como efectiva de mantener chantajeado al pueblo a través del hambre. El jerarca chavista, Diosdado Cabello, lo ha resumido muy bien hace unos días con la frase “el que no vota no come”.
Como sabemos, la dictadura venezolana ha convocado para este domingo 6 de diciembre a las urnas la renovar el Congreso, votación que se hizo en 2017 con una victoria de la oposición que el régimen chavista se negó a reconocer y que pasó por alto ese mismo año a través de la elección de una asamblea constituyente, que tuvo a su cargo la redacción de unas nuevas reglas del juego que impidan otra sorpresa electoral.
Esta vez ya no habrá oposición, el triunfo está asegurado para el partido de Nicolás Maduro y la única opción que tiene el ciudadano es no acudir a las urnas, de ahí la advertencia de Cabello, de quitarle el racionamiento y matar de hambre a los que se atrevan a deslegitimar con su ausencia a la dictadura.
La comunidad internacional, Estados Unidos, la Unión Europea y numerosos países de la región no reconocerán los resultados de estas elecciones, pero eso poco importa, tomando en cuenta que a Maduro le vale un comino la opinión de los demás y sabe que a la larga, todos terminarán aceptando, como ocurrió con Cuba, país al que ya nadie reclama por la falsa democracia que le permite sostener a la dictadura más longeva del planeta.
En Bolivia vamos camino hacia ese mismo sistema. La candidatura ilegal de Evo Morales y el posterior fraude de octubre de 2019 causaron revuelo a nivel internacional, pero no así lo que ocurrió este año, donde nadie quiso meterse para investigar las irregularidades producidas en la votación del 18 de octubre. En marzo de 2021, habrá elecciones subnacionales, con el mismo padrón y las mismas reglas tramposas de este año. Es la manera de ir “normalizando” las cosas y apaciguando a todos hasta que un día las cosas se vuelvan como en Cuba.
Esta vez ya no habrá oposición, el triunfo está asegurado para el partido de Nicolás Maduro y la única opción que tiene el ciudadano es no acudir a las urnas, de ahí la advertencia de Cabello, de quitarle el racionamiento y matar de hambre a los que se atrevan a deslegitimar con su ausencia a la dictadura.



