Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 06 de diciembre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones subnacionales
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Aunque esta apuesta debe aún superar las pruebas que le ponen la pelea entre facciones del mismo partido -una muestra del eterno prebendalismo y tribalismo político-, la estructura partidaria y dirigencial del MAS es sólida y extendida; y una vez decididas las candidaturas, se empujará el mismo carro.
En las filas opositoras, mientras tanto, se experimenta la misma desorientación y desconcierto de la fallida campaña presidencial reciente, que hizo que las fuerzas contrarias al MAS lograran el mismo resultado que en 2005, sin generar ni un solo avance. Como si no hubiese recientemente sucedido una estrepitosa derrota electoral, que tuvo entre sus principales causas el sectarismo y la falta absoluta de orientación y entendimiento del país de parte de la oposición, estas fuerzas se muestran nuevamente con sus mismos rasgos: la mirada individual, cortoplacista, miope... Es la demostración de su gran fracaso político.
Hacia las subnacionales, entonces, persisten los defectos del aislacionismo, la incapacidad de coordinación y la falta de ideas que la oposición ha demostrado por muchos años. La distancia con la realidad del país y el mensaje que los resultados del 18 de octubre arrojan, además de la incompresión de lo sucedido, parece abarcarlos a todos, pues ninguna de las agrupaciones ni líderes opositores hace autocrítica y mucho menos pergeña una propuesta interesante. El periodo postelectoral sólo ha servido para que reafirmen visiones fracasadas y se busquen pretextos para no aceptar lo obvio. De replanteamientos y lecciones aprendidas, nada.
No existe ni el mínimo interés de los principales líderes políticos nacionales por sentarse a la misma mesa y tratar de coordinar algunas ideas y acciones. Unos desprecian a los otros y los otros pagan con la misma moneda. Y en muchos casos tienen más diferencias entre sí que con respecto al propio MAS.
Ni siquiera la persecución que a su turno -de la misma manera que lo hiciera Jeanine Añez con el MAS- realiza el actual Gobierno desde los estrados judiciales, ha servido al parecer, para una reconducción de la oposición boliviana.
La democracia se basa en el equilibrio de poderes y en el hecho de que los diferentes actores deben tener por lo menos una parte del poder. De lo contrario se llega a las situaciones que se viven bajo dictaduras como las de Nicaragua y Venezuela. Por eso es importante que quienes se enfrentan al MAS tengan alguna capacidad de mejorar sus propuestas y organización, y logren así una decorosa representación en las elecciones venideras, especialmente en las ciudades importantes donde perdió el MAS este año.
Si bien las ciudades principales tienen casi la mitad de la población a nivel nacional, y que en ellas los candidatos opositores tienen mayor respaldo, enfrentan una situación compleja: al dividirse, permiten que el MAS, que es minoritario en las urbes, tenga reales chances de ganar.
Para no hacer esfuerzos de unidad que son vacíos, desprovistos de contenido, los principales líderes del país tendrían que poder tener algún tipo de coordinación: por ejemplo, inhibirse de presentar candidatos en ciudades en las que tienen menos opciones y apoyar a las mejores alternativas. Es justamente lo contrario de lo que están haciendo al atomizar candidaturas, confundirse unos con otros y mostrar todo menos coordinación y coincidencias. Lamentablemente, como decimos, esa práctica, que es común en otros países, en Bolivia es imposible debido a los egos que caracterizan a los líderes políticos y sus reducidos entornos.



