Medio: El Diario
Fecha de la publicación: miércoles 25 de noviembre de 2020
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Asamblea Legislativa Plurinacional
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En esos tiempos de oro de la historia parlamentaria de Bolivia se efectuaron discusiones sustanciales, como en torno a la masacre de Catavi, la interpelación a los ministros del presidente Bautista Saavedra, la firma del Tratado de Paz con Paraguay, etc., pero siempre con la presencia del pueblo en las barras de los hemiciclos, que aplaudían o rechiflaban a los representantes populares y los obligaban, de esa manera, a aprobar leyes correctas que servían a los intereses nacionales y democráticos de Bolivia.
Tan importante era el funcionamiento libre de las barras parlamentarias que, en una oportunidad, el gran diputado nacional Franz Tamayo, que fue presidente de la Convención Nacional de 1944, defendió la presencia del pueblo en las barras durante los debates sobre la reforma a la Constitución y subrayó que las barras debían funcionar libremente, pues eran parte de la vida del Poder Legislativo. Es más, sostuvo que se debía garantizar la actividad de esos participantes, ya que se trataba de las barras colegisladoras, parte fundamental del perfeccionamiento de las cámaras de diputados y senadores.
Se puede afirmar que, gracias a las barras colegisladoras, se evitó grandes daños al país, así como se alcanzó grandes beneficios. Pero, intempestivamente, esas barras dejaron de funcionar en el primer gobierno de Carlos Mesa, cuando un trabajador minero se dinamitó en uno de sus ambientes. La medida era temporal, pero posteriores gestiones parlamentarias aprovecharon ese incidente para eternizarlo y, en esa forma, evitar que el pueblo asistente a las barras felicite o censure a los diputados.
Esa fue una verdadera clausura de las barras parlamentarias y, por tanto, grave perjuicio para la vida congresal y del país. Es más, la barra parlamentaria, que era la forma como el pueblo fiscalizaba a los diputados y senadores, dejó de cumplir esa importantísima tarea, vale decir que los fiscalizadores del Congreso no tienen quién los fiscalice.
Ahora, al empezar una nueva etapa histórica del país, los representantes nacionales lo primero que deben hacer es aprobar el libre funcionamiento de las mencionadas barras y dejar abiertas las puertas del Palacio Legislativo para que el pueblo tenga no solo la oportunidad de conocer las actuaciones y calidad de sus representantes, sino también de conocerlos personalmente, en carne y hueso.



