Medio: ANF
Fecha de la publicación: jueves 19 de noviembre de 2020
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Renovación dirigencias
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1. El triunfo del MAS fue una sorpresa, nadie esperaba esos resultados ni los propios masistas. Fue como un balde de agua fría para los que votaron en contra de los azules. Antes de las elecciones los resultados de las encuestas estimaban una diferencia de 7 a 8% entre el primer y segundo lugar, pero los resultados fueron sorpresivos y abrumadores. Es posible que el domingo 18 octubre los técnicos de la empresa Ciesmori hayan dudado y demorado en mostrar los resultados en boca de urna porque dudaban de los resultados que estaban recopilando y sistematizando, pese a que manifestaron que la demora era para cumplir con lo establecido por el TSE. Al final para evitar los malos comentarios y rumores que causaban incertidumbre en la población optaron por mostrar los resultados, ni la hora fue el impedimento para ello.
Podrían existir varios factores que determinaron la victoria del MAS, como la pandemia, las muertes en Senkata y Sacaba, la quema de la wiphala, el racismo, entre otras cosas; pero considero que el principal factor fue la ineficacia e ineficiencia del gobierno transitorio de Añez y las agrupaciones coyunturales que se conformaron y posteriormente se adhirieron a los partidos políticos de la oposición, ahora conocidos como el “movimiento pitita”. La ciudadanía con mucha esperanza aceptó confiar en Añez, pero su gobierno solo demostró errores y contradicciones. El gobierno transitorio no supo dar estabilidad económica ni respuesta inmediata ante la crisis sanitaria. Al parecer en la elección del año pasado hasta los propios masistas votaron por Mesa como una manera de protesta, disconformidad y cansancio de 14 años de tiranía, ahora en estas elecciones probablemente hasta los mesistas y pititas votaron por Arce, a esto se debe el triunfo del MAS con una diferencia significativa de 25%.
Se debe considerar que se llegó a las elecciones nacionales de octubre en una situación donde la población solo tenía dos opciones: primero, seguir con los viejos políticos (Mesa, Añez y Tuto) que poco o nada habían hecho por Bolivia y sumado a ella la corrupción descarada, abuso de poder e ineficiencia del gobierno transitorio; segundo, dar una última oportunidad a un gobierno que más o menos había dado estabilidad económica y contentado a los sectores más populares. La segunda opción fue la más aceptada. Para la oposición la salida de Evo Morales y la pandemia parecía en un principio una oportunidad y ventaja para mantenerse en el poder pero al final se convirtió en una desgracia producto de sus acciones en una época crítica.
2. Quizás sea algo descabellado decir que en estas elecciones no ganó Arce ni Choquehuanca sino la ciudadanía con el deseo de que mejore y se establezca la economía del país. En otras palabras la circunstancia favoreció al partido azul. Entonces creer que el MAS volvió al gobierno producto de su campaña es un error, como también es apresurado pensar que el MAS se quedará otros 14 años. El pueblo ha concedido una oportunidad al MAS bajo el criterio de que se convirtió en el mal menor.
El MAS tiene que entender que está condicionado por el pueblo y que no puede ser totalmente autónomo en sus decisiones. Con el nombramiento de los ministros está generando los primeros descontentos, especialmente con los alteños. De entrada, Arce y Choquehuanca no están escuchando a las organizaciones sociales, esta incomprensión puede generar muchos conflictos e influir en las elecciones subnacionales. Si bien la ciudadanía recomendó no trabajar con los exministros de Evo Morales, eso no implica que excluyan a las organizaciones sociales e indígenas. Considero que en la mente colonial de los nuevos gobernantes existiera aún una concepción despectiva hacia las organizaciones sociales e indígenas al verlos como sujetos que no podrían administrar el Estado y por eso se los excluiría de los altos mandos.
El presidente Luis Arce apostó por un gabinete de jóvenes y técnicos, aspecto que no es reprochable, al contrario, es plausible, pero no está comprendiendo que él no hubiese llegado al poder solamente con los votos de los profesionales, amigos de la zona y de la universidad, sino solamente con el apoyo de organizaciones sociales, campesinas e indígenas. Esto implica que las organizaciones sociales e indígenas también tendrían que tener representatividad en el gabinete y no solo en el parlamento. Los indígenas continúan siendo considerados como si carecieran de conocimientos en la administración pública. Por esta exclusión, en El Alto se generó molestias y descontentos y seguramente tendrá efectos en las elecciones subnacionales.
El flamante gobierno también olvidó la cuestión de lo indígena. La fuerza de los sectores indígenas llevó al poder a los actuales mandatarios y los respaldaron y marcharon orgullosos el día de la posesión, además de resguardar la plaza Murillo. En la campaña del MAS desapareció el discurso de lo indígena y curiosamente apareció solamente el día de las elecciones. Los actuales ministros no son indígenas, aunque algunos tengan apellidos indígenas y rostros morenos, pero ninguno de ellos reivindica el carácter étnico. ¿El MAS dejó de ser un gobierno de indígenas?, ¿Quién de los ministros nombrados luchó por la wiphala?, ¿Quién estuvo en las marchas y protestó por las masacres de Senkata y Sacaba?.
El gobierno de Arce no será de todo fácil y es posible que haya fragmentación dentro del MAS. La situación política y económica que causó la pandemia y los actos del gobierno transitorio dio una respirada saludable para que el masismo se reestructure y aparezcan nuevos liderazgos que con el tiempo fortalecerán al MAS o en todo caso pondrán difícil la situación política de Arce. Apareció una generación de jóvenes como Andrónico Rodríguez por los cochalos, Adriana Salvatierra por los cruceños y Eva Copa y Franklin Flores, hasta el propio David Choquehuanca por los kollas del altiplano boliviano. Estos querrán disputar el poder y si alguien les pone límites y trabas optarán por la rebelión y se alejarán del MAS.
3. Ahora sabemos que el MAS no es Evo Morales ni Evo es el MAS. El discurso del caudillo se derrumbó. El MAS ganó las elecciones sin Evo. Muchos intelectuales calcularon diciendo que el MAS no sería nada sin Evo. En esta circunstancia, Evo Morales no tendría que involucrarse en el gobierno de Arce, querrá influir, pero no podrá porque al final el único presidente es Arce y sus decisiones no serán aceptadas. Esto generará descontento y pugnas entre Arce y Evo y las organizaciones sociales que respaldan al primer presidente indígena. Al final se tiene que entender que Arce y Choquehuanca son los únicos elegidos por el soberano y ante esto Evo poco o nada puede hacer para decidir el rumbo del país. Los que dicen que Evo gobernará el país están exagerando y hacen una mala lectura de la realidad.
El expresidente Evo Morales por el momento solo tiene dos caminos: primero, quedar como un buen ícono entre los sectores populares e indígenas y ser recordado como el primer presidente indígena o también para algunos sectores como el tirano; y segundo, esperar que Arce arruine su gobierno para que después de cinco años vuelva como un salvador. Con respeto a Álvaro García Linera, él está sepultado para siempre, no tiene ninguna posibilidad de renacer en la política. ¿Quién reclama por García Linera? Nadie. El intelectual pasó al anonimato.
Por último, el gobierno de Luis Arce está condicionado por los movimientos sociales en los departamentos donde ganó el MAS, sino responde como lo hizo Evo Morales anteriormente, será desconocido y expulsado del MAS; solo le queda gobernar con el pueblo y desprenderse de Evo Morales temporalmente. Luis Arce y el MAS cargan un pasado nefasto y el pueblo no olvidará los 14 años de gobierno y por eso recomendó no incluir gente de Evo Morales en los puestos altos. Si Arce no cambia, se avecina muchos conflictos y fracturas dentro del MAS.



