Medio: La Estrella del Oriente
Fecha de la publicación: miércoles 18 de noviembre de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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En un reciente libro titulado “Almagro no pide perdón”, el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) reconoce que planificó y diseñó una estrategia para propiciar que Evo Morales pierda las elecciones de octubre de 2019. La publicación de los periodistas uruguayos Martín Natalevich y Gonzalo Ferreira, recoge varias horas de charla con el propio Almagro, quien llega a confesar a los autores que avaló la candidatura de Evo Morales en 2019, a pesar de la derrota en el referéndum de 2016, porque “la OEA tenía que estar en la elección en Bolivia. Si no estábamos, esto iba a estar muy complicado. Había que estar y la manera de estar era asumir determinadas responsabilidades y retos políticos. Y lo hice”, dice Luis Almagro. “La OEA tenía que estar en la elección en Bolivia”, enfatiza el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), como si hubiese existido algún riesgo para que la OEA no asista a la elección de 2019. En todas las elecciones des-de la recuperación de la democracia (1982), la OEA estuvo presente en prácticamente todas las elecciones que se realizaron en Bolivia. En una abierta admisión de injerencia por parte de la Organización de los Estados Americanos (OEA), en asuntos internos de un país, Luis Almagro, reconoce que planificó una estrategia para propiciar que Morales sea derrotado en las elecciones de octubre de 2019. El texto “Almagro no pide perdón” presenta al secretario general de la OEA como el estratega, que luego de ganarse la confianza del entonces presidente Evo Morales, conspira para provocar su derrota. “Quizás el caso de Bolivia es paradigmático porque el libro revela, a partir de las propias declaraciones de Alma-gro, que hubo un cálculo político en sus movimientos con Bolivia, para lograr determinado fin, hubo agenda en ese sentido. Lo dice él”, explica Martín Natalevich, autor del libro junto a Gonzalo Ferreira. Almagro rechazó que los autores del libro, sugieran que hubo una “operación política” para lograr la derrota electoral de Evo Morales, a pesar que el texto fue elaborado en base a sus propias declaraciones. “Rechazamos absolutamente la calificación que “operamos políticamente”. Nuestro único trabajo en el proceso electoral boliviano de 2019, fue asegurar la presencia de la Misión de Observación Electoral (1/2)”, escribió el secretario general de la OEA en su cuenta de Twitter. Según detalla el texto, Almagro avaló que Morales se presentara a las elecciones de 2019 porque pensaba que, muy probablemente, iba a perder en la segunda vuelta; pero no se imaginó el desenlace. En el texto “Almagro no pide perdón”, de la editorial Planeta, Almagro admite que cuando apoyó que Morales se presentara como candidato ya pensaba en un “esquema” que tenía como objetivo que la oposición triunfara en las elecciones. “En esa visita (a Bolivia 17/05/19), firmamos la Misión de Observación Electoral. Y para mí eso era todo. Ahí abríamos dos posibilidades y cerrábamos una. Abríamos una posibilidad que era que Evo ganara legítimamente. Era el costo que tenía eso. Para mí eso era imposible. Evo tenía menos votos todavía que los que había tenido cuando el referéndum, o sea que no tenía forma. Después abríamos la posibilidad que la oposición boliviana ganara legítimamente. Y cerrábamos la posibilidad que Evo se robara la elección. Ese era el esquema”, explica Luis Almagro en el libro. Las elecciones en Bolivia se realizaron en un ambiente de inestabilidad política por las movilizaciones del Comité Cívico Potosinista (Comcipo), cuyas convocatorias a la desobediencia civil y al desconocimiento de los resultados de las elecciones coincidieron con las exigencias de otros comités cívicos. El informe de la Organización de los Estados Americanos (OEA) sobre las elecciones en Bolivia de octubre de 2019, se basó en “una muestra no representativa”, dado que analizó “única y exclusivamente el 0,22% del total de las actas” no llegando ni al 1% de las actas que tendrían alguna irregularidad. En ningún país, se afirmaría que hubo fraude por tan ínfima muestra del total de actas.



