Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: martes 17 de noviembre de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia directa y participativa
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Lo que queda casi confirmado es que la autonomía de la sociedad civil no existe, prácticamente sus convicciones democráticas han desaparecido y se han convertido en un medio por el cual partidos políticos, parlamentarios, sindicatos o movimientos sociales, entre otros, canalizan recursos públicos en su propio beneficio en base a políticas clientelistas. En esta parte cabe preguntarnos ¿qué es lo que ha sucedido?, parecería que también adquirieron los vicios de la sociedad política y dejaron de ser un espacio exclusivamente dirigido por valores solidarios, de genuino debate, de participación y se juegan en ella los intereses y las relaciones de dominación propias del mundo político.
Es importante volver a vincular esa unión entre nuestra democracia representativa, es decir el sistema representativo, y la sociedad civil, que es donde se encuentra gran parte de la militancia social que son los que creen en el ideal de la sociedad. Los partidos políticos, como las formas directas de participación, son esenciales para la democracia, pero su vinculación genuina entre ambos sectores ha desaparecido en Bolivia. Sociedad civil y partidos políticos hacen política.
Los partidos se estructuran y diferencian por la oposición entre ellos y su máximo objetivo es tomar el poder. Para ello movilizan su militancia, sus recursos discursivos, atraen a grupo sociales y esgrimen argumentos respecto de la distribución de la riqueza que, obviamente, perjudica o beneficia a algunos.
Mientras que las organizaciones de naturaleza política de la sociedad civil, las que aun gozan de solvencia moral e independencia, se identifican precisamente con causas morales, critican y reivindican acciones del Estado y de ninguna manera se constituyen por oposición entre ellas.
Hay que dejar de considerar a la sociedad civil como un conjunto homogéneo, ya no podemos hablar de “pueblo”. Ahora, en nuestro país se hospedan todo tipo de organizaciones, con diferentes formas y sostenimiento, que nos muestran su gran heterogeneidad y diversidad de orientaciones, ya no es un concepto global. El verdadero peligro en democracias frágiles, como la nuestra, es que la sociedad civil, con sus múltiples actores y sectores, pase a ocupar lugares que corresponden a las instituciones o a la administración pública. Situación que nos puede llevar a la destrucción del sistema representativo y a la cual los partidos contribuyen de gran manera. En este caso, el Estado puede pasar a autoproclamarse como el portavoz del pueblo y de la sociedad, a la vez que la sociedad civil queda como estatizada.
La sociedad civil representa los intereses legítimos de algunos sectores sociales. Pero, en la mayoría de los casos, está lejos de reflejar al conjunto de la sociedad o, aun, a importantes segmentos de la misma, y buena parte de la sociedad incluso desconoce la existencia de gran parte de otras organizaciones en el espacio público. A las pocas organizaciones sociales que no han sido absorbidas por el Estado y el sistema partidario –con discursos radicales esquizofrénicos, que fluctúan entre la negación y demonización del Estado o por el contrario la beatificación del mismo y la expectativa de que sólo él puede resolver los problemas de la sociedad– solo les queda continuar y esforzarse por llevar el debate y el análisis racional, armonizando las legítimas aspiraciones de los diferentes conglomerados y sectores sociales así como las tradiciones nacionales y regionales presentes en el tejido social.



