Medio: ANF
Fecha de la publicación: lunes 16 de noviembre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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La Paz, 15 de noviembre (ANF).- Dado el escenario político post electoral que se está viviendo en el país, y en el afán de contribuir al diálogo democrático y constructivo, la Agencia de Noticias Fides (ANF), organizó un conversatorio virtual el pasado 31 de octubre, en el cual participaron Paula Peña, Jimena Costa y Marcelo Arequipa.
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En el encuentro abordó sobre los resultados del proceso electoral, las percepciones sobre el nuevo gobierno y las causas del retorno del Movimiento Al Socialismo (MAS) al poder para una cuarta gestión.
Una de las principales conclusiones de esta elección, coincidieron los analistas, es que Bolivia no se conoce a sí misma. Señalaron que hace 195 años que “no nos conocemos entre bolivianos y no se ha creado la nación boliviana. Hay diferencias étnicas y regionales, pero como bolivianos no ha habido la capacidad de reconocerse en las diferencias y dialogar”.
Indican que hay una mitad de la población boliviana que ni Camacho ni Mesa representan, y gran parte de esa población no votó por Evo Morales en 2019, pero sí se siente reflejada en el proyecto del MAS.
Hay dos clivajes que ponen esto sobre la mesa, dice Paula Peña. El primero es el clivaje étnico que ubica al MAS versus el resto de la sociedad, pues el MAS articula la mayor cantidad de población indígena. Y el segundo clivaje es el regional, que ha seguido la oposición pero que implica graves limitaciones en ambos bloques.
“Camacho pretendía exportar el modelo camba, un modelo que los cruceños consideran exitoso, pero no trasplantable, y que sería el equivalente de imponer el modelo del ayllu en Santa Cruz, acciones que implican no respetar la diversidad. Es difícil que el MAS pueda reconciliar este aspecto, pues durante 14 años intentó imponer su visión de país e imponer la democracia comunitaria frente a la democracia clásica liberal en la cual cree la otra parte de Bolivia”, señala Peña.
Por otro lado, agrega, las diferencias regionales también se vieron en las acusaciones de un lado y del otro del bloque antimasista. En Santa Cruz un 60% no iba a votar por el MAS, pero llamando al voto útil o voto inteligente, y clamando que en Santa Cruz serían retrasados si no acudían a ese voto, “no se generó carisma ni empatía y mucha gente comenzó a sentir la diferencia regional”.
Remarca que las oposiciones al MAS no fueron capaces de reconocer un país diverso. “Con el clivaje étnico el MAS impide construir una sola nación, y la oposición cree que uniendo a Santa Cruz y La Paz en un binomio se resuelve el problema del clivaje regional y que toda la gente va a votar por ellos. Sin duda ambos son errores”, destaca.
En un inicio, señala Marcelo Arequipa, el MAS tenía una agenda que incluía demandas de sectores de base, gente empobrecida, población indígena sin acceso a oportunidades proveniente de pequeños municipios, laderas y barrios periféricos. Esa agenda, agrega, que le permitió ganar el 2005 y reproducir el poder el 2009, fue gradualmente abandonada.
El 2014 ya había un descontento, dice, se vieron fracturas internas y dirigentes históricos del CONAMAQ, CIDOB, y de otras organizaciones indígenas abandonaron el MAS; muchos dirigentes campesinos fueron eliminados de la escena y se cooptaron sus organizaciones. Aquella agenda de los sectores de base, señala, fue sustituida para aliarse con la élite agro industrial cruceña, “alianza que era aplaudida -aunque no públicamente- por dirigentes de Demócratas. Todo esto generó un fuerte desgaste del gobierno de Morales por lo que el último resultado del 55% sorprendió”.
“Son varios los elementos que han empezado a configurar la cohesión del bloque nacional popular (un bloque identitario étnico nacionalista). Uno de los más importantes fue el discurso que se instaló de que quienes protestaban y se movilizaban eran salvajes, delincuentes, terroristas y masistas. Ese escenario de polarización ocasionó que la gente empiece a salir e identificarse con el MAS; se le entregó en bandeja de oro todo el bloque nacional popular”, dice Arequipa.
Indica que otro elemento que aceleró el proceso de cohesión social en torno al MAS fue las demandas sociales y económicas no escuchadas por el antimasismo. “Los informes sobre conflictividad de la Fundación UNIR de los últimos tres meses, mostraban que los temas económicos y sociales empezaron a generar mayor provocación de protesta social”, refiere.
Aun así, agrega, dos semanas antes de la elección los únicos mensajes que se repetían constantemente en el bloque antimasista eran referentes a “14 años, corrupción y fraude; ahí no había forma de dialogar entre los actores”.
Pero, además, dice, tres días antes de la elección este mismo bloque antimasista rompía el silencio electoral en medios de comunicación para hablar mal de Evo Morales, “decir que no era el momento de Camacho y pedir que se vote por Carlos Mesa”.
Los últimos días continuaban peleando entre ellos, sin plantear un escenario de convivencia y por ende, alejando más a las personas. Contrariamente, dos semanas antes de la elección el MAS enviaba un mensaje de autocrítica interna sobre Evo Morales y el círculo evista, buscando volver a cautivar a aquellos que no les habían dado su voto desde el 2014, refiere. El último spot publicitario de Luis Arce, recuerda Arequipa, llamaba a votar con alegría y esperanza de que los problemas se solucionarían, mostrando un comportamiento bastante democrático.
El 2005 Evo Morales ganó las elecciones con dos mensajes: Asamblea Constituyente y nacionalización de los hidrocarburos. En esta elección, dice el analista, Arce ganó también con dos mensajes: solución de los problemas económicos y autocrítica interna. Los resultados muestran que el desgaste no era del MAS sino de Evo Morales y su cúpula. Hubo un cuestionamiento al caudillo, pero no al partido, lo cual es un avance cualitativo de la sociedad boliviana. Si algo ha hecho muy bien el MAS es que ha construido una fuerte identidad política que termina por moldear el escenario, concluye Arequipa.
Tensiones y transición política dentro del MAS
“El nuevo binomio se comprometió a que la cúpula evista no retornará al poder, pues el discurso de las bases es que Evo traicionó el proceso al entregarlo a un grupo de oportunistas que no eran parte del instrumento. Pero ¿lo podrán cumplir? Evo volvió con toda su parafernalia para quitarle el protagonismo el binomio ganador, y además señaló que Arce y Choquehuanca eran también parte de la cúpula anterior”, dice la politóloga, Jimena Costa.
Indica que sin duda hay un debate interno en el MAS y está empezando a enfrentar su transición política.
Después de las elecciones hubo un empoderamiento de la Asamblea Legislativa Plurinacional como producto del triunfo del MAS, “y acciones como acabar con los dos tercios o prorrogarse para generar juicios que fue un error”.
“Su accionar cae en el pragmatismo político puro de administrar el poder, sin embargo, debían saber que ese accionar también iba a traer una factura. Puede que consideren que anular el sistema y a la oposición es un triunfo, pero en lugar de absorber el conflicto y el disenso en la Asamblea Legislativa y tenerlo allí, lo han devuelto a la calle y ahora tienen una batalla pendiente que no es coyuntural. Han enardecido a la gente y en una sociedad fraccionada eso no ha hecho bien”, asevera Costa.
Pero la decisión en la Asamblea Legislativa tiene también otro análisis referente a las divisiones internas, agrega. Con la decisión de la eliminación de los 2/3 por parte de una Asamblea que entró con Evo Morales, éste está mandando el mensaje al binomio Arce – Choquehuanca de que él continuará definiendo las reglas del juego. “Estos hechos sitúan al nuevo binomio en una situación complicada pues si toman la decisión de distanciarse de Evo Morales, parte de la bancada y del partido se pondrán en contra; pero si deciden quedarse cerca de Evo, le están entregando el poder e incumplirán con el compromiso electoral de las bases del MAS que pedían sacar a la cúpula evista y se desgastarán aceleradamente”, apunta. Agrega que Evo Morales está llevando a la destrucción a su propio partido y mucho de esto se va a redefinir en las elecciones subnacionales, “pues las fracciones dentro del MAS van a ser aún más evidentes”.
La analista señala que esta situación debería ser una alerta para la oposición. Dice que se deben incorporar las reivindicaciones estructurales de otros sectores, sin embargo, ni Comunidad Ciudadana ni Creemos se han volcado a mirar por qué la gente apoyó al MAS desde el 2005, ni están recogiendo la agenda que el MAS dejó pendiente. Además, prosigue, se enfrentan a una crisis en sus estructuras que no sólo pasa por entender las reivindicaciones indígenas, sino que continúan teniendo una visión autoritaria, vertical y patriarcal. “No han entendido que el mundo y el país ha cambiado; siguen reproduciendo prácticas que les impiden superar su propia crisis”, señala.
Lecturas desde la élite intelectual
Si bien existía una posibilidad real de que el MAS gane en primera vuelta, la mayor parte de Bolivia, o por lo menos de los analistas, esperaban y dieron por sentada una segunda vuelta. Las élites políticas y una generación importante de la élite intelectual no han sabido leer Bolivia, señalan los analistas.
Por un lado, se expresaba la idea de que de seguro existiría una segunda vuelta electoral y por otro lado que siete de cada diez no votarían por el MAS. No hubo prudencia en las apreciaciones. Se generó una fuerte dependencia en torno a las encuestas para poder analizar la situación y las tendencias del voto. Es un error confiar en las encuestas, refieren, no porque necesariamente manipulen, sino porque la boliviana es una sociedad muy desconfiada. El voto oculto entonces fue el factor fundamental, pero no deja de llamar la atención que, pese a que el MAS que se han empoderado mucho en los últimos 14 años, aun así, hubo un gran porcentaje que no quería admitir o revelar que iba a votar por el MAS.
Muchos de los intelectuales de La Paz, refieren, no intentan siquiera comprender Santa Cruz, ven a los cruceños como un bloque, como si todos fueran y actuaran igual. Recuerdan que aquellas 100 señoras que pedían rezando por un gobierno militar no representan al millón y medio de mujeres cruceñas. En este contexto, agregan, es más importante aún hacer un esfuerzo por entender Santa Cruz y sus lógicas, el porqué de sus instituciones, el porqué de la existencia de un Comité Pro Santa Cruz y no verlos simplemente como la oligarquía en pleno, pues el 74% de los productores en Santa Cruz son pequeños productores.
Pero tampoco se entiende, dicen, lo que pasa a nivel departamental en La Paz. Se tiene una lectura “de hoyada”, únicamente desde la ciudad de la Paz, sin conectar con El Alto que en términos poblacionales es más grande. Cuando se dieron los movimientos de 21F solo contemplaban la zona sur y Sopocachi, no incluían ni buscaban movilizar la zona Norte ni El Alto.
Perspectivas post electorales
Se está generando en el país, lo que Bauman denomina la retropía, señalan los especialistas. Quienes protestan por no aceptar los resultados ya no buscan un horizonte hacia adelante, sino que anhelan volver a un orden anterior y eso es preocupante. La semilla de este escenario es la desconfianza. Bolivia tiene los mayores niveles de desconfianza interpersonal e interinstitucional a nivel mundial, refieren. Los resultados no son los que gustan y eso genera miedo; los discursos encendidos están generando ira y eso se termina por instalar lo que en el Brasil se conoce como Bolsonaro o Trump en EEUU. Ya se ha instalado en el país una corriente política de derecha, y en la medida en la que se hagan cargo, es una oportunidad para crecer todos como actores políticos, señalan.
Carlos Mesa y Comunidad Ciudadana pensaron que podían ganar sin partidos y ese fue el gran error. Además del MAS, el único partido es Demócratas, sin embargo, su presencia fuera del Oriente no es fuerte y en el último proceso electoral ha sido destruido incluso desde Santacruz. El único partido con estructura nacional es el MAS y con su rearticulación -y si las organizaciones locales no se articulan- el país se estaría dirigiendo hacia un modelo monopartidista, remarcan.
El sistema político tendría que ser repensado ¿por qué los partidos políticos son la única forma a través de la cual se puede organizar y administrar el poder? Así como los partidos surgieron en un momento dado, es necesario repensar las otras formas de organización pues son simplemente un medio para llevar adelante la gestión del estado; no son el fin en sí mismo.
A lo largo de la historia de Bolivia, agregan, la sociedad ha vivido colgándose del caudillo de turno, buscando figuras hasta mesiánicas en las cuales depositar los anhelos, aspiraciones y demandas como sociedad. “Es hora de avanzar hacia formas que promuevan una sociedad madura, capaz de luchar y obrar por lo que anhela sin la necesidad de hipotecar sus aspiraciones a un caudillo o ideología”, apuntan los especialistas.



