Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 15 de noviembre de 2020
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Felipe González, expresidente del Gobierno español, solía decir que “un expresidente es como un jarrón chino en un apartamento pequeño. Es un objeto de valor, pero nadie sabe dónde ponerlo”. Quería decir que es una figura de poca utilidad y que termina estorbando.
Puede ser el caso del expresidente Evo Morales, aunque no hay que negar que, a diferencia de otros expresidentes, él sigue teniendo apoyo popular, lo que ha quedado demostrado en sus multitudinarias concentraciones de bienvenida.
Pero, los demás rasgos de la metáfora del jarrón chino calzan perfectamente en él. Para el MAS es el caudillo valioso que ha conducido un gobierno de casi 14 años y que ha tenido la capacidad de unir al instrumento político en torno a su figura, pero ahora, cuando otro gobierno ha surgido de las urnas, se ha convertido en un estorbo. Eso, a pesar de que sus estrategas ya le asignaron la dirección política del proceso, en un intento por diferenciar su rol con la gestión gubernamental.
Si hay esa diferencia, haría bien el expresidente en mantener un bajo perfil y, sobre todo, ahorrarse sus directrices para el presidente Luis Arce y para los legisladores del MAS, puesto que en vez de ayudarlos los está perjudicando, al mostrarlos como títeres de sus caprichos. Fue particularmente reprochable su afirmación de que el Presidente lo llamó y que está coordinando con él las designaciones de nuevas autoridades.
El que regresó del exilio es la peor versión de Evo Morales: autoritario, irrespetuoso de las leyes, ególatra.
Su autoritarismo y su irrespeto a las leyes aflora cuando da órdenes a la justicia para que libere a todos los acusados de su gobierno. Morales nunca creyó en el principio democrático y constitucional de la separación de poderes y ahora ya no guarda ni las formas. También demuestra ese rasgo cuando instruye a sus legisladores para que interpelen al actual presidente del TSE Salvador Romero, con el único fin de manchar una gestión que ha sido transparente y que ha dado el triunfo a su partido.
Decíamos que sigue siendo ególatra porque su regreso ha sido una enorme parafernalia que ha incluido una caravana, concentraciones multitudinarias, fiestas populares, discursos panegíricos, entre otros. Todo eso, sin medir las consecuencias, pues semejante operativo pudo haber propagado la Covid-19 entre la gente, con seguridad ha causado una innecesaria contaminación ambiental porque según los organizadores participaron centenares de vehículos y en el Chapare se ha producido un accidente que causó la muerte de una persona.
Algo que no ha sido aclarado es cómo se ha financiado el operativo, aunque no es difícil imaginarlo, tomando en cuenta que la organización estuvo a cargo de los alcaldes de los municipios por donde pasó la caravana, a la que se unieron cuatro gobernadores.
Una vez en Bolivia, lo que queda saber es cuánto poder tendrá Evo Morales en el nuevo gobierno, más allá de las ostentaciones públicas que hizo el expresidente. En ese marco, ha sido una buena señal que el presidente Luis Arce y el vicepresidente David Choquehuanca no hayan concurrido al Chapare a recibirlo.
De hecho, a la misma hora en que Morales estaba siendo arropado por una multitud, Arce posteó una foto de él mismo dando clases virtuales a sus estudiantes desde la Casa Grande del Pueblo, lo que demuestra que no estaba tan ocupado estructurando la nueva gestión como dijo Morales a manera de disculpa por la ausencia del mandatario.
Arce dedicó un tuit de bienvenida cerca de la medianoche a Morales. En el caso de Choquehuanca, no hubo ni tuit. Ninguno de los dos mandatarios ha mencionado a Morales en sus discursos hasta ahora.
Sin embargo, es prematuro para hablar de un distanciamiento o de una dependencia de los nuevos gobernantes ante la figura de Morales, pues por ahora existen señales contradictorias. Por ejemplo, la posesión de Wilfredo Chávez, abogado de Evo Morales, como procurador es una muestra de la influencia del expresidente en la nueva estructura.



