Medio: El Día
Fecha de la publicación: miércoles 11 de noviembre de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Curiosamente, ambas naciones atraviesan por el mismo fenómeno y se trata del cuestionamiento a los resultados de las elecciones recientemente celebradas. Hablamos de un viejo problema boliviano, que en el caso estadounidense se ha vuelto recurrente y está comenzando a preocupar. Todos conocemos lo que ocurrió en las elecciones del año 2000 y el cuestionado triunfo de George Bush sobre Al Gore y posteriormente, en 2016, las polémicas estrategias que usó Donald Trump para ganar la presidencia, pese a que había obtenido un millón de votos menos que su contendiente, Hillary Clinton.
Alguien podría decir que se trata de las reglas del juego que se deben respetar, pero no hay duda que la democracia puede estar ingresando en una profunda crisis de legitimidad que posteriormente se puede traducir en un cuestionamiento a la vigencia del estado como forma de organización de la sociedad.
No es casual que estos episodios de la vida política se hayan dado en plena pandemia, que ha desnudado la incapacidad de gobiernos, élites gobernantes y estados de responder a un desafío que nos ha puesto de rodillas, que ha causado la mayor debacle económica de la historia y que nos encontró absolutamente desprotegidos no sólo en el campo de la salud.
La vacuna que acaba de anunciar Pfizer, la misma compañía que patentó el Viagra y la única que brinda cierta confiabilidad (los esfuerzos estatales son un blef), ha provocado el alivio en algunas democracias europeas, que lucen maltrechas y en vilo porque el virus las lleva como barcos a la deriva. No deja de ser interesante que sea el mercado, la empresa privada y el esfuerzo individual los que salgan al auxilio del estado, que siempre quiere tomar la delantera en la vida de la gente, cuando es precisamente al revés.
En nuestro vecindario la cosa que está que arde y ni siquiera los bolivianos podemos respirar tranquilos pues la tormenta todavía no ha pasado. Chile, Argentina, Venezuela, por supuesto y ahora Perú hablan de una crisis que recién empieza y que tiene final abierto, pues no hablamos del clásico movimiento pendular, de las viejas dicotomías entre dictadura o democracia, izquierda o derecha, sino de algo más profundo.
En nuestro vecindario la cosa que está que arde y ni siquiera los bolivianos podemos respirar tranquilos pues la tormenta todavía no ha pasado. Chile, Argentina, Venezuela, por supuesto y ahora Perú hablan de una crisis que recién empieza y que tiene final abierto, pues no hablamos del clásico movimiento pendular, de las viejas dicotomías entre dictadura o democracia, izquierda o derecha, sino de algo más profundo.



