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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: viernes 06 de noviembre de 2020
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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A todo ello, le siguió la renuncia del Presidente; una renuncia que le solicitaron unas Fuerzas Armadas que le habían sido siempre leales hasta el extremo del contubernio, y una Central Obrera Boliviana que se le desmarcó para solicitar su alejamiento. Fueron horas de zozobra para todos, no sólo para el Gobierno. Las renuncias se sucedían unas a otras y el vacío de poder se sentía como una amenaza tan grande como la violencia que se cernía en las calles y barrios de las ciudades.
En ese contexto apareció Jeanine Añez, la presidenta imprevista y con ella empezó un Gobierno complicado y a la vez polémico. Complicado por las circunstancias que se vivían, y polémico porque adoptó medidas cuestionables como la persecución de adversarios -algo instituido largamente por el MAS- , el uso de la justicia, la instrumentalización del poder para fines político partidarios y la corrupción campeante.
Fueron 11 meses en los que no se respiró paz ni estabilidad, pero que tampoco fueron un camino de rosas para quienes se hicieron cargo de la administración del Estado, que aún estaba manejado por el aparato del MAS.
Sabemos todos que la historia la escriben los vencedores, y después de la elección del pasado 18 de octubre no quedan dudas del lado de quién está la victoria, la verdad circunstancial y la narrativa de lo acontecido. Quienes el año pasado decían defender el voto, ahora son los golpistas; quienes eran cometieron fraude ahora son los recuperadores de la democracia. Un año después, no ha disminuido la violencia simbólica ni el racismo, y quienes dicen defender a uno y otro lado le hacen, al final, un flaco favor al ciudadano que no vive de los partidos ni de sus dádivas.
Acaba una gestión que no por polémica dejará de ser nombrada en la historia. Cómo se la retrate dependerá, como siempre de sus aciertos, de sus errores, pero también de la mirada de quienes la sucedan. Para el resto de los mortales ojalá quede un recordatorio de lo vivido y lo sufrido para encarar mejor el futuro: aprendamos a limitar el poder de los gobernantes. Los militantes siempre quieren para su candidato el poder absoluto. Así se hizo, así nos fue. Ojalá podamos escribir otra historia.



