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Medio: El Día
Fecha de la publicación: viernes 06 de noviembre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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El solo dato estremece. La OEA encontró dos servidores ocultos que suministraban datos alterados en 2019, eligió la palabra “dolo” para registrar una adulteración de la voluntad popular y consiguió con casi 100 páginas de un riguroso reporte derrumbar la credibilidad en un proceso electoral, que comparado con el que acaba de organizarse, replica sorprendentemente como espejo varios resultados.
Entonces, ¿hubo fraude en 2019?, ¿cómo entender que los comicios supuestamente digitados por el MAS le hayan sido menos favorables que estos otros, celebrados cuando ya no gobernaba?, ¿son los recientes resultados la absolución de María Eugenia Choque, la expresidente del TSE y sus vocales enjuiciados?
Tras haber leído en su momento el informe de la OEA y los posteriores intentos de refutación, elaborados por académicos norteamericanos afiliados a las capillas estadísticas de la izquierda latinoamericana, la conclusión preliminar sigue en pie: las elecciones de 2019 quedaron manchadas y debieron ser anuladas, como en los hechos sucedió, al amparo del pacto pacificador y democratizador suscrito por Jeanine Añez y Eva Copa, a fines de noviembre de 2019.
Lo que queda por averiguar no es si hubo fraude el año pasado, sino cuál fue su alcance y magnitud. La repetición de porcentajes de voto en un lapso de 12 meses lleva a pensar que los resultados de 2019 no son del todo fraguados. Y es que no sólo CC repite el mismo dato en Cochabamba, sino que hay siete cifras casi idénticas en otras regiones. Ocurre con el MAS que vuelve a conseguir el mismo número en Beni, Pando, Santa Cruz y Tarija, y con CC que reitera su porcentaje previo en La Paz, Oruro, Potosí y, como ya se señaló, en Cochabamba.
Del total de resultados susceptibles de repetirse, debido a que son los mismos partidos los que compiten, casi la mitad resultan siendo prácticamente idénticos. ¿Cuántas soberbias se están marchitando al saberlo?
La conclusión matizada que urge desahogar acá es que el fraude no fue “mega”, como dijo Carlos Mesa, sino apenas el fraude mínimo necesario, como insinuó la OEA; es decir, la alteración indispensable para cancelar la segunda vuelta: algo así como 30.000 votos. Eso equivale a decir que Evo ganó las elecciones del año pasado, pero no con diez puntos porcentuales de diferencia.
Dicho lo anterior, también puede afirmarse que Evo Morales se había convertido en 2019 en un verdadero lastre electoral para su partido. Una vez que la Revolución de las Pititas consiguió sacarlo de la papeleta, la sigla que más tiempo ha gobernado Bolivia vivió un ascenso en las preferencias ciudadanas.
Si volvemos a comparar los resultados de 2019 con los de 2020, vemos que el MAS dio dos saltos espectaculares que lo llevaron a ganar cómodamente en primera vuelta. Esos brincos se dieron en La Paz y Oruro, departamentos en los que el binomio Lucho-David creció en 15 y 14 puntos, respectivamente, en comparación con lo logrado por Evo-Álvaro. Otros incrementos significativos tuvieron lugar en Cochabamba y Potosí (ocho puntos). ¿Queda aún alguna duda sobre el aporte central de Choquehuanca en la reciente victoria?
¿Qué ocurrió con el voto de CC? Dado que ahora las elecciones anuladas son relativamente fiables, es admisible reincidir en la comparación. El derrumbe de la votación a favor de Carlos Mesa se dio en Santa Cruz, departamento en el que perdió 29 puntos en un año, pero también en Pando (15 menos). Esta caída quedó pobremente compensada con su ascenso en Tarija (10) y Beni (5). No había entonces ningún voto útil para repartir.
No lo sabíamos. La oposición al MAS quedó convertida en minoría el día en que Evo abandonó la competencia. Un apunte final: algo similar le pasó al viejo MNR, Paz Estenssoro no volvió a ganar una elección desde el día en que se propuso beneficiarse con la reelección indefinida.



