Medio: Nuevo Sur
Fecha de la publicación: miércoles 04 de noviembre de 2020
Categoría: Institucional
Subcategoría: Tribunal Supremo Electoral (TSE)
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Las embarcaciones necesitan de faros en las costas que son peligrosas, de esta manera pueden prevenirse naufragios y otros inconvenientes en la navegación, sí usamos la metáfora para comparar la situación política que atravesamos, podríamos decir que Bolivia sería como un barco a la deriva dirigiéndose a un lugar peligroso, donde paradójicamente existe un faro que nadie se comide a encender. Esto porque la tensión social va en aumento, la sociedad está polarizada, existen emociones descontroladas y sospechas que los aludidos no se dignan en aclarar con transparencia, de forma que mientras unos piden que se haga una Auditoria a los comicios del pasado 18 de octubre, el Tribunal Supremo Electoral fiel a su estilo brinda respuestas vagas y reclama una confianza en sus actos que nunca se ganó. Sí el proceso fue desarrollado con rectitud, por qué no se ordena la referida investigación, después de todo la posibilidad de comprobar que los recelos son infundados podría desvirtuar cualquier cuestionamiento y devolvería la confianza que hace mucho tiempo se perdió, precisamente porque cuando a última hora se suprimió el conteo preliminar y se negó la posibilidad de revisar por internet las actas de sufragio, se impusieron reglas que sólo exaltaron los ánimos y propiciaron la crisis en la que nos encontramos. Desde que retornó la democracia en Octubre de 1982, las trasmisiones de mando siempre han sido pacíficas, por eso lo que sucede ahora no tiene precedente y debería ser motivo para que haya una preocupación generalizada, ya que no son triviales los incidentes que se desencadenan y es muy extraño que quienes deberían atender la crisis actúen con inexplicable indiferencia. En ese sentido Salvador Romero y sus vocales debería hacer mucho más, por otro lado el presidente electo y su partido, tienen la obligación de dar señales que sirvan para generar certidumbre y restablecer un marco mínimo de tolerancia y tranquilidad, toda vez que las declaraciones que se hacen sólo sirven para aumentar la conflictividad, en un momento de crisis y de división. No se entiende a dónde nos quieren llevar con tales exabruptos, ¿quién puede salir victorioso de la confrontación?, tampoco existe una brújula que oriente las intenciones y los intereses de muchos actores políticos, por eso Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho, tendrían también que desplegar un rol y ejercer algún tipo de liderazgo, después de todo las modificaciones al Reglamento Interno de la Cámara de Diputados, los juicios de responsabilidades que se tramitan y las acciones coyunturales de la justicia, merecen debate y sus posturas han sido bastante ambiguas. La inercia no es el camino para que se resuelvan las diferencias, cuidado que la bola de nieve siga creciendo y que después sea demasiado difícil de controlar, es lamentable que la situación sea tan compleja y que exista tanta irresponsabilidad frente a las consecuencias, se percibe indolencia en la clase política y pasiones demasiado sórdidas en actores que pretenden un horizonte confuso. Es asombroso el hecho de que ni siquiera la realización de elecciones en plena Pandemia, haya servido para mejorar el clima social o para brindar alguna esperanza en materia económica, esperemos que la información deje de ser contradictoria, por eso quiénes entregan el gobierno deberían hacer público un informe detallado de cómo se encuentra el País y por otro lado el nuevo presidente está en la obligación de explicar que piensa hacer con la economía y por qué sostiene que la recuperación puede demorar un par de largos años.



