¿Qué pensará en estos instantes las FFAA sabiendo que los Ponchos Rojos rondarán nuevamente por sus cuarteles para controlarlos? ¿Y dentro de la Policía que se las jugó, qué? ¿Qué pasará por la mente de la presidente Jeanine Áñez, legalmente convocada para salvar la situación, sabiendo de la enfermiza sed de venganza de los masistas, que ahora la acusan de genocidio, justamente en sitios como Senkata, donde ellos mismos crearon el caos?
Este es un país de desleales, ambiciosos y de estúpidos, que, habiendo tenido a Morales en el destierro y a sus cómplices asilados, permitieron al resto de los masistas mantener el control del Estado, escondidos como vinchucas al principio y dueños plenos de la situación al final. Ahora resulta que hay que rendirles cuentas a ellos, como si hubieran dejado una nación boyante cuando huyeron.



