Medio: Opinión
Fecha de la publicación: lunes 26 de octubre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Nadie en su sano juicio y con un mínimo de espíritu patriótico y cívico, podrá desear a las nuevas autoridades otra cosa que éxitos en sus funciones. La tarea reservada al nuevo gobierno es ímproba, puesto que asumen la conducción de la nave del Estado frente a un receloso y bravío momento que, como pocos, no solo afecta a nuestra realidad, sino a todo el género humano y a todos los Estados. En tales circunstancias, es un deber ineludible un compromiso democrático audaz y trascendente para superar todas las vicisitudes que nos acorralan.
Los tiempos de la frivolidad y el manejo atrabiliario del poder, característica de un pasado inmediato, deben dar paso a una administración equilibrada, serena y, por sobre todo, sometida al ordenamiento jurídico en vigencia; la democracia, más allá de sus formalismos, debe constituirse como un régimen de vida comunitario, que tenga como derrotero el bien común, en el cual converjan todos los intereses.
Es hora del sacrificio compartido, de labor conjunta que reditué beneficios generales. Es el momento de la deconstrucción de falacias que se esgrimieron en el pasado para encarar la cimentación de un nuevo orden, cuyo centro de atención sea única y fundamentalmente el ser humano.
Es este el momento crucial para lograr la armonía que permita encarar dignamente el bicentenario, no con retóricas frases, sino con hechos tangibles, como también la posibilidad de construir nuevos escenarios y grupos políticos, no solo para la alternancia sino también para la pugna política indispensable para fortalecer la democracia; entonces sí, la noche quedará atrás .



