Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: lunes 26 de octubre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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En realidad, nadie en su sano juicio puede oponerse a un gran pacto nacional y una agenda concreta que marque una ruta crítica a seguir. Y como el MAS y los candidatos ganadores han sido parte de la perversa confrontación y polarización en Bolivia, deben dar las coordenadas básicas no solo de que habrá un nuevo estilo de gobernar, sino que deben convocar a los mejores ciudadanos para enfrentar los grandes retos pospandemia.
Sin embargo, uno de los mayores desafíos políticos de Luis Arce será demostrar en los hechos que es él quien gobernará, y tiene toda la legitimidad para hacerlo. Los resultados sorprendieron a propios y extraños, porque Arce y Choquehuanca no solo terminaron ganando la elección con más del 50 por ciento, sino además superaron en las urnas al caudillo, Evo Morales. No obstante, existe otro 50% de la población boliviana que debe ser tomada muy en cuenta, y quiere que termine realmente la confrontación, la guerra sucia, los insultos, las amenazas y todas las miserias humanas que afloraron en la campaña electoral.
Y como Arce y Choquehuanca han prometido un nuevo estilo de gobernar, sería un grave error que vuelva la vieja dirigencia masista, que tiene además procesos judiciales pendientes. Por cierto, los votos no pueden “blanquear” (como por arte de magia) la comisión de delitos graves, salvo que se busque e imponga la impunidad y entonces el remedio será peor que la enfermedad.
La oposición política tiene, igualmente, una mochila pesada sobre sus espaldas. La ciudadanía tiene los ojos puestos en esos senadores y diputados que han recibido el apoyo en las urnas y no sólo fiscalizará su trabajo, sino que además les exige salvaguardar los intereses nacionales por encima de sus intereses partidarios. La bancada opositora tiene que estar unida, lejos de los enfrentamientos internos inútiles que siempre benefician al adversario. La unidad política tiene que ser la condición básica para poder ejercer la fiscalización y control del Órgano Ejecutivo y señalar los derroteros a seguir.
Aunque existen varias hipótesis sobre el triunfo de Arce y Choquehuanca, lo cierto es que su discurso conectó con los votantes, salieron a buscarlos; fueron directos, sencillos y prometieron la necesaria reconciliación nacional. A lo largo de su campaña proyectaron la imagen que muchos esperaban, y este pequeño gran detalle parece haber inclinado, en parte, la balanza del voto.
Pero la división que tenían al frente, sin duda, les allanó el triunfo. Y como decía el estratega chino Sun Tzu: “El mejor general es el que gana la guerra con las armas del enemigo”. O sea, la mejor campaña es la que se gana gracias al esfuerzo del adversario y Arce y Choquehuanca parecen haberse dado el lujo de conseguirlo.
La mayoría del pueblo boliviano estaba cansada de la guerra sucia, y de las denuncias como si la campaña fuera un gran tribunal judicial, donde tenían que resolverse las querellas que todos los candidatos puedan llegar a tener. El electorado quería escuchar propuestas concretas y cómo los candidatos resolverían los grandes problemas generados por la crisis económica, la pandemia, la corrupción, la falta de institucionalización y fortalecimiento del Estado, entre otros.
Los bolivianos han cumplido su deber ciudadano, con una participación ejemplar, y democrática en todo sentido. La responsabilidad ahora está en manos de los nuevos elegidos que tienen que estar a la altura de las exigencias actuales.
Comienza una nueva etapa de la historia boliviana, y todos queremos salir de la crisis económica, política y social y tener un mañana mejor. La democracia decepciona, pero no traiciona.



