Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: sábado 24 de octubre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Huido el jefe, surgió una división entre conciliadores y radicales masistas. Ganaron los conciliadores. Jeanine Añez fue reconocida como Presidenta constitucional. Eva Copa, elegida presidenta del Senado en lugar de la renunciante. Si las elecciones se realizaban en mayo, como estaba previsto, el MAS no habría podido postular siquiera y si lo hacía, no obtenía más de un 15% de respaldo. Pero vino la pandemia con todo su rigor, el gobierno provisional tomó las inevitables medidas impopulares como la cuarentena. La economía y la salud dañadas como en todo el mundo, desnudaron el rentismo y extractivismo masista con 70% de trabajadores informales y los hospitales en ruina, pero, paradójicamente, el MAS aliado al virus, sacó ventaja política.
En el proceso electoral, las empresas encuestadoras que han mostrado admirable eficiencia, otorgaban al MAS un respaldo de alrededor del 30%. Un clamor general no escuchado por los políticos, demandaba unidad para ganar la elección con el 70%. Los indecisos fluctuaban entre 20 a 25% y todos suponíamos que teniendo el MAS su voto duro sin vacilaciones, los indecisos eran sus oponentes, el voto útil para vencer al MAS. Los propios masistas comprendían así la situación y amenazaban desconocer la elección si perdían y al parecer estaban resueltos a iniciar una guerra civil como ya lo habían intentado antes. Pero los indecisos sorprendieron a todos votando por el MAS. Ahora estamos frente a una realidad cruda pero verídica: el MAS vuelve al gobierno.
Sin embargo, Evo Morales no es el ganador. Hubo semanas que dentro del MAS se sugería sustituirlo con otro jefe de campaña porque Evo era el más deleznable blanco de ataque por sus abusos de poder y su irregular vida privada. Los nuevos gobernantes saben que ganaron la elección pero han perdido los dos tercios que ahora forman promisoramente las mujeres en el Senado. Además, todos están cansados de vivir de fuga o de embestida.
Soy médico no analista político, pero veo claramente que los indecisos apoyaron a Arce y Choquehuanca decepcionados del antagonismo suicida de los líderes democráticos y con angustia desesperada de vivir en paz.
En cuanto a la salud, la pandemia ha mostrado lo ineficaz del SUS y de todo el sistema reducido al asistencialismo segmentado, fragmentado, mal financiado, elitista, autoritario sin participación social que no sea la sectaria partidista, dedicado casi exclusivamente a combatir la enfermedad y desvinculado totalmente del desarrollo nacional. Una medicina tan reducida al curanderismo que optó por importar a precio de oro médicos cubanos convertidos por su gobierno en mercancía esclavizada.
Felizmente, el doctor Aníbal Cruz, en su corto periodo ministerial, descubrió el negocio y lo suprimió muy oportunamente, recuperando además la dignidad profesional del médico.
La salud no es sólo ausencia de enfermedad, es el motor del desarrollo y su destinatario final. Su protección es la mejor inversión, la más rentable y la que da contenido humano a la política. Ojalá el cambio de gobierno no signifique el retorno al retroceso con ministros acomplejados enemigos del profesional médico nacional y destructores de la salud.
La sociedad está cansada del culto a la personalidad, el abuso de poder, la ineficiencia, la propagación del vicio que destruye la virtud y como todo cambio involucra una esperanza, aspira a vivir en paz, tener empleo digno, un hogar saludable y un mínimo de bienestar sin fugas ni envestidas. Responder o no a esa aspiración es el desafío para el nuevo gobierno, y de su respuesta depende el porvenir nacional.



