Medio: ERBOL
Fecha de la publicación: sábado 17 de octubre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Los bolivianos están ante dos caminos: devolver el poder al MAS o consolidar un cambio en la política nacional, eligiendo a otra alternativa distinta a la postulación de Luis Arce Catacora que, según las encuestas, encabeza la preferencia ciudadana, a unos puntos de asegurar un triunfo en primera vuelta.
Para llegar a estos comicios, el país tuvo que pasar del fraude a la crisis social y política con cerca de 40 muertos en los enfrentamientos del año pasado. Instalado el gobierno transitorio se vino la primera convocatoria a las elecciones para el 3 de mayo.
Antes de ello, la presidenta Jeanine Añez quien dijo era transitoria, pateó el tablero y se convirtió en presidente-candidata, siguiendo el mismo esquema de Evo Morales, algo que varios sectores repudiaron.
Sin embargo, la mala hora pasó una factura a la presidenta de transición porque tras su postulación, a los pocos meses, en marzo, se desató la pandemia con graves efectos sociales, económicos y políticos.
En este escenario de emergencia sanitaria, la transición mezcló la gestión gubernamental con la campaña y la consecuencia directa fue el bloqueo desde la Asamblea que trancó varios créditos sanitarios, porque el MAS en su recelo político, quiso quitarle las alas a la novel figura presidencial que salió del sombrero de los Demócratas.
La corrupción terminó de hundir a los inexpertos gobernantes que fueron arrinconados por la aplastante mayoría del MAS en la Asamblea. La pandemia, la corrupción por los respiradores, crisis económica e ingobernabilidad crearon un ambiente favorable para una rearticulación masista que, tras la caída de su líder, tenían la moral en el piso, mientras los otros candidatos diseñaban estrategias electorales.
La pandemia obligó a postergar de mayo a agosto, luego al 6 de septiembre y finalmente 18 de octubre. A las elecciones Carlos Mesa llega diezmado con relación a las elecciones de 2019, probablemente por el ingreso del principal actor para la salida de Evo Morales, el excívico Luis Fernando Camacho que ha crecido en Santa Cruz, pero se ha estancado a nivel Bolivia.
Mesa mantiene el segundo y es el único candidato que puede provocar una segunda vuelta electoral, porque tras el fracaso político de Jeanine Añez y el retiro de Jorge Tuto Quiroga, el resto de los opositores políticos reavivaron el “voto útil” para apoyar al segundo más votado y hacerlo en lo posible, presidente en primera vuelta o forzar a una segunda, donde las encuestas anticipan una derrota del MAS.
Camacho no ha logrado entrar al escenario de una segunda vuelta y su votación se reduce a la ciudad de Santa Cruz y tampoco su aspirante a vicepresidente Marco Pumari, no alcanzó a entusiasmar a los potosinos que mantienen una línea de respaldo hacia el partido azul.
Los bolivianos asisten a las urnas con la esperanza de acaba las diferencias sabiendo que de antemano están frente a una elección polarizada y con un Tribunal Supremo Electoral que acaba de retirar el sistema de cómputo rápido por problemas técnicos, lo cual ha sorprendido a propios y extraños y podría anticipar un ambiente de polémica y descrédito por quienes se sientan afectados.
La semana pasada se daba por hecho un recuento
rápido muy distinto al TREP que fue manipulado el año pasado para asesta
el fraude que ha prolongado la incertidumbre política nacional hasta
este domingo y no se sabe aún, cómo irá a terminar porque si no hay
claro ganador hoy, la próxima será el 29 de noviembre.



