No ocurrirá, porque con el avance del calentamiento global ya no podemos mirar a otro lado y endosar la factura a otros, porque las quemas no dejan de recordarnos que si no escogemos un camino que nos convierta en país modelo del continente, en luchar a brazo partido contra el cambio climático puesto, entre los primeros de sus inmediatas víctimas.
Eso, sin contar que los nuevos gobernantes deberán desarrollar claras e inequívocas iniciativas para desmontar la tenebrosa maquinaria que es hoy el aparato judicial y de fiscales, a tiempo de adoptar creíbles y verificables medidas para que la instrucción pública deje de ser un aparato para liquidar la creatividad y la sanidad, pública y privada, aliada segura de la enfermedad y la muerte.
No hay vuelta al pasado, que lo sepan los rencorosos, los amargados y los quejumbrosos. Cualquier intento de engranar la marcha hacia atrás, terminará con esos conductores, antes de que se enteren.
Claro que, para avanzar hacia el azaroso y complicado objetivo de cambiar esquemas, hay que unir a la sociedad, sacarla de su profundo enfrentamiento y trascender el desprecio que lleva a suponer que quienes no comparten nuestras creencias son o imbéciles o corruptos, y eso requiere que nos convenzamos que existen un proyecto y una forma de hacer las cosas de otra manera.



