Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: miércoles 14 de octubre de 2020
Categoría: Institucional
Subcategoría: Tribunal Supremo Electoral (TSE)
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Esa mención a un posible fraude –y las amenazas de movilización como represalia– carecen de argumentos que la sustenten. Así, solo pueden explicarse, y entenderse, como una táctica proselitista que pretende convencer al electorado de que la paz social solo es posible si el MAS obtiene, al menos, un tercio de los curules en la Asamblea Legislativa Plurinacional
En efecto, el año pasado, en enero, un columnista de este matutino, abogado constitucionalista, advertía que “con la abusiva habilitación de Evo Morales y Álvaro García Linera para las elecciones primarias y, de ahí a las elecciones generales, ha quedado al descubierto que el Tribunal Supremo Electoral no es imparcial, no goza de credibilidad ni de confianza y, por lo tanto, aparece el fantasma del fraude electoral. Que el Órgano Electoral haya desconocido el 21F, que organizó, administró y ejecutó, tiene que encender las alarmas”.
Las alarmas se encendieron, sin duda, y los medios de comunicación independientes hicieron eco de la inquietud ciudadana, pero en un régimen en el que todas las instancias del Estado estaban controladas por el mismo partido, el MAS, esas alertas no inquietaron en absoluto las pretensiones del Gobierno de entonces de Morales y su entorno de quedarse 50 años al mando del Estado.
Sin inquietud ni escrúpulos, durante los meses que precedieron las elecciones generales de 2019, se sucedieron cambios en puestos claves del TSE y del Servicio de Registro Civil que aumentaron su desprestigio.
Nada de eso sucede ahora, pero el partido del expresidente fugado insiste en echar sombras de duda y sospechas sobre la corrección de los comicios del domingo y los resultados del sufragio. Cínico recurso de un partido involucrado en ilegalidades tan gruesas, por ejemplo, como desconocer los resultados de un referéndum, acerca de cuyo resultado Morales había proclamado que lo respetaría.
Los recursos políticos parecen desconocer límites cuando se trata de conservar o recuperar el poder. Y en el caso actual, las advertencias del MAS, partido que optó por la democracia desde su creación –aunque la distorsionó después– son, así lo esperamos, una estratagema electoral que, con la amenaza de movilizaciones si no ganan, busca generar un temor que lo favorezca.
Pero la voluntad democrática de los bolivianos podrá superar esos temores.



