Medio: Ahora el Pueblo
Fecha de la publicación: martes 13 de octubre de 2020
Categoría: Institucional
Subcategoría: Tribunal Supremo Electoral (TSE)
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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El ciudadano, que es protagonista de esta historia, está llamado a elegir de entre las ofertas de unos y otros. Debe fijar una postura para un futuro complejo y desafiante a la vez. El país ha superado muchas crisis y se sobrepuso al autoritarismo con unidad. Por eso, es importante que la democracia prevalezca por encima de los intereses corporativos que siembran temor con bloqueos y violencia criminal. El país no debe acudir con miedo a votar.
El otro gran actor de este proceso es el Tribunal Supremo Electoral (TSE). Su credibilidad, devastada en 2019 por el interés de Evo Morales de perpetuarse en el poder, está siendo reconstruida con un inédito esfuerzo. La posibilidad de un “fraude”, que incluya la manipulación dolosa de los votos, prácticamente no existe a pesar de la retórica empleada por algunos medios de comunicación y actores políticos que se esfuerzan para reposicionar al partido que estuvo 14 años en el poder.
El TSE tendrá, dentro de unas pocas horas más, la responsabilidad de custodiar y cuidar de todos los asuntos inherentes al desarrollo de las elecciones. No pasará como en 2019 que las boletas de sufragio de miles de ciudadanos acaben en domicilios particulares o echados a la basura. Las fuerzas del orden deben ponerse a disposición del Órgano Electoral para realizar sus tareas de control y, como es la tradición de Bolivia, la jornada será pacífica y ejemplar.
El ciudadano, que es protagonista de esta historia, está llamado a elegir de entre las ofertas de unos y otros. Debe fijar una postura para un futuro complejo y desafiante a la vez. El país ha superado muchas crisis y se sobrepuso al autoritarismo con unidad. Por eso, es importante que la democracia prevalezca por encima de los intereses corporativos que siembran temor con bloqueos y violencia criminal. El país no debe acudir con miedo a votar.
El otro gran actor de este proceso es el Tribunal Supremo Electoral (TSE). Su credibilidad, devastada en 2019 por el interés de Evo Morales de perpetuarse en el poder, está siendo reconstruida con un inédito esfuerzo. La posibilidad de un “fraude”, que incluya la manipulación dolosa de los votos, prácticamente no existe a pesar de la retórica empleada por algunos medios de comunicación y actores políticos que se esfuerzan para reposicionar al partido que estuvo 14 años en el poder.
El TSE tendrá, dentro de unas pocas horas más, la responsabilidad de custodiar y cuidar de todos los asuntos inherentes al desarrollo de las elecciones. No pasará como en 2019 que las boletas de sufragio de miles de ciudadanos acaben en domicilios particulares o echados a la basura. Las fuerzas del orden deben ponerse a disposición del Órgano Electoral para realizar sus tareas de control y, como es la tradición de Bolivia, la jornada será pacífica y ejemplar.



