Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: martes 13 de octubre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Las extraordinarias circunstancias en las que se realizan estos comicios han marcado la diferencia de las campañas proselitistas de las organizaciones políticas que pugnan por los votos de más de siete millones electores.
Esa diferencia, notoria a simple vista y evidente en las noticias que sobre el tema se difunden desde el pasado 6 de septiembre, proviene en primer lugar del impacto que tuvo, y tiene, en nuestras vidas la emergencia sanitaria por la pandemia y, de la convulsión poselectoral de octubre y noviembre del año pasado.
Salta a la vista, en calles y otros espacios públicos de la ciudad, el moderado despliegue de propaganda política que en las anteriores elecciones ensuciaban el paisaje citadino con multitud de carteles y mensajes proselitistas pintados en paredes de viviendas, edificaciones del equipamiento urbano. Ahora son las banderas que abundan colgadas de los postes en la vía pública.
A diferencia de la ciudad de La Paz, donde en las primeras semanas de campaña, la Alcaldía daba cuenta de las sanciones a agrupaciones políticas y, especialmente, a candidatos a diputados uninominales, con multas que llegaban al millón de bolivianos, en Cochabamba, no fueron necesarios los operativos municipales de otros años para retirar pancartas, gigantografías y carteles de propaganda política, porque simplemente son escasos o inexistentes.
Y si bien abundaron caravanas de todo tipo y eventos que reunieron a grupos de simpatizantes –en la mayoría de los casos sin medidas de bioseguridad – la acción más intensa y sostenida se dio en las redes sociales, prácticamente en todas. Eso, es evidente, como resultado de las restricciones para mitigar los riesgos de contagio.
Esos riesgos están también en el origen de la diferencia de este periodo de propaganda electoral, pues las tres postergaciones de la fecha de los comicios impusieron una cierta improvisación en las campañas proselitistas. Además, las candidaturas no contaron este año con el financiamiento del Estado para ese fin.
Y hay otro factor que marcó esta campaña es el origen mismo de estas elecciones que resultan del fraude electoral de las del año pasado, la renuncia y fuga del Gobierno del MAS y las heridas que dejó en el tejido social la convulsión poselectoral y la violencia de los enfrentamientos ocurridos en ese marco.
Ese precedente es, sin duda, el origen de los hechos de agresión –una treintena– registrados en las últimas cinco semanas en actos de campaña.
Es de esperar que, con el fin de la propaganda, se impongan y perduren la calma y la paz plena en el país.



