Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: lunes 12 de octubre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Nos aprestamos a decidir lo que va a pasar con el país en los próximos cinco años y esta es una responsabilidad que lamentablemente no todos alcanzan a dimensionar, entre otras cosas, por falta de una adecuada educación cívica que, como sabemos, viene desde la escuela pero que, además, debería completarse en cada hogar.
¿Cuántos le dan a su voto la importancia que realmente tiene? ¿Y cuántos saben reconocer el valor de su participación en una sociedad democrática, habiendo dejado en el pasado los indeseados tiempos de la dictadura? Una democracia, aunque pueda resultar una verdad de Perogrullo, no se reduce al simple acto de la votación.
Estas elecciones llegan determinadas por una confluencia de crisis que tiene al país en vilo: sanitaria, económica, y, finalmente, una crisis política, marcada por una fuerte polarización.
Esa polarización, que por inmadurez democrática suele confundirse con intolerancia y que deriva no pocas veces en violencia política, tiene en vilo casi permanente a la población debido a sectores proclives a la provocación y, todavía más, a la convulsión social.
Las elecciones de gobernantes, de presidente y vicepresidente, además de diputados, senadores y representantes supraestatales, tienen este año connotaciones muy especiales. Y este mes de octubre tampoco debe ser considerado como uno más. Bolivia recoge entre sus páginas claroscuras a varios octubres que conviene siempre mantener presentes, en ciertos casos, para no volver a escribirlas y, en otros, sin duda mejores, para tomarlas de ejemplo.
Faltan nada más seis días para decidir quién ocupará la primera magistratura del país y quiénes serán nuestros representantes en la Asamblea, solo con retroceder en el tiempo a otros octubres, da la sensación de que la responsabilidad del voto individual de los ciudadanos es doble.
El próximo domingo, cuando estemos frente a la papeleta electoral, la ciudadana o el ciudadano tendrán que optar por una entre varias alternativas. Se trata de un derecho, pero también de una obligación que, idealmente, tendría que ser asumida de la manera más informada y consciente posible.
Para eso trabaja este periódico, sabiendo que lo que se avecina es trascendental. Son tiempos de definiciones no solamente para los días que corren, sino también para los que vendrán. Porque involucran el devenir de las futuras generaciones de bolivianos.



