En los albores del 82, no fue fácil derrotar a la dictadura, como no lo es hoy con el MAS. Ahora, este partido tiene en sus manos la alternativa de ser el nuevo garcíamecismo antidemocrático o aceptar la voluntad de la ciudadanía de vivir en democracia y participar activamente en la política nacional respetando las reglas que la democracia establece.
Obviamente, no se trata de una decisión fácil. Hay muchas corrientes internas, sobre todo la asentada en Buenos Aires, que insiste en imponer un proyecto autoritario y caudillesco de poder, bloqueando el surgimiento de nuevos liderazgos que podrían lanzar al MAS hacia el futuro. En este entendido, mucho les serviría a sus adherentes estudiar los antecedentes y las consecuencias del 10 de octubre de 1982.
También lo deben hacer muchos dirigentes del amplio abanico político-ideológico existente en el país, para rescatar y asumir el convencimiento que tenía una buena parte de los operadores políticos que entonces surgieron, de que la defensa de la democracia está por encima de las confrontaciones sectarias, regionales y sociales.
Debemos recuperar el sentido de que la política democrática no es un juego entre buenos y malos, ni la mera repartición de espacios de poder. Es el arte de la concertación sobre la base de que hay desafíos a enfrentar que están por encima de los intereses particulares, por más legítimos que estos sean.
Don Hernán Siles Zuazo fue el primus inter pares de esa camada de líderes que cumplió a cabalidad el sentido de servicio de la política democrática y que en un 10 de octubre siempre debemos recordar con respeto y admiración.



