Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: jueves 08 de octubre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Jean-Pierre Dupuy propone una interesante forma de cuestionar esa impredictibilidad. En sus muchos libros sobre la cuestión del determinismo y la economía, el ingeniero y filósofo francés nos plantea una visión del tiempo sumamente paradójica. Propone distinguir entre dos tipos de temporalidades: la temporalidad del proyecto y la temporalidad de los hechos. La primera debe comprenderse en sentido contrario al común. Nos explicamos: el tiempo del proyecto juzga el presente desde el futuro, es casi como un tiempo “castrista”.
Nos preguntamos, ¿qué nos puede decir un ejercicio especulativo sobre el futuro postelectoral? ¿Cómo nos juzgarán los futuros bolivianos que seremos una vez conocidos los resultados de las elecciones del 18 de octubre? Se podría decir que el escenario postelectoral no debería ser tan caótico en lo político como muchas personas anticipan.
Una primera razón para afirmar esto está en la estructura electoral de nuestras elecciones. En un primer momento se repartirán los escaños parlamentarios y, por lo que muestran las encuestas, el MAS no tendrá una mayoría absoluta. Sin embargo, este partido seguirá teniendo una representación importante, pero eso no significa que vaya a lograr bloquear todas las iniciativas del Gobierno. Si así fuera, enfrentaría a la población: los masistas serían constantemente acosados y amedrentados. Nuestro país no se merece eso; el MAS irá perdiendo representatividad a medida que siga cometiendo errores, y los cometerá. Además, la legitimidad del nuevo Poder Ejecutivo apaciguará las aguas y eso permitirá que se destapen más crímenes del evismo.
Otra razón para decir que los bolivianos poselectorales no serán duros con nosotros es la certeza actual de que el MAS como gobierno ya no es posible. Este consenso invisible entre bolivianos es fundamental para garantizar la paz social. Este tipo de unanimidad consensual ya nos ocurrió en el pasado; el emenerrismo como rémora de un tiempo revolucionario es producto de eso. La certeza de que el siguiente gobierno no será masista nos debe poner optimistas tan solo con respecto al futuro de Bolivia. Es probable que Europa se hunda al terminar el gobierno de Mesa, pero Bolivia estará en paz y con una cultura plurinacional muy arraigada. Esto es algo que se habrá conservado y en el futuro lo habremos reconocido con orgullo.
Además, quién no coincide hoy con lo que dijo Robert Brockmann sobre las jornadas de noviembre: ¿no fue acaso el momento de mayor miedo para todos los bolivianos, masistas o no? ¿No estuvimos al borde real de una conflagración cuyas consecuencias no han terminado y cuyas heridas no han sanado aún? No es justo que los bolivianos, con lo plurinacionales que somos, estemos a la merced del miedo de nuestros compatriotas. Quien esté a favor de eso no puede llamarse boliviano, miembro de un Estado plurinacional donde se respetan las diferencias de todo tipo y donde la violencia no puede ser nunca una opción. Por muy “tibio” que sea el pacifismo, es millón de veces mejor que tomar uno de los bandos asesinos; hoy sabemos que ambos bandos pueden ser y serán asesinos si no nos reconciliamos.
Lo último que debemos decir sobre esta cuestión es que la catástrofe llegará, pero nosotros no seremos los principales responsables de eso. Bolivia vivirá tiempos durísimos, pero somos luchadores y sabemos verle la buena cara a la desgracia. El punto principal es no permitir que la violencia nos convoque y para ello debemos hacer mucha convivencia y conocer nuestro país lo más posible. Regionalmente, habrá resentimientos; en términos de clase, peor aún; pero esto no debe ser lo principal. Lo principal debe ser nuestra supervivencia como nación unida, regulando la injerencia internacional, impidiendo el abuso transnacional y reduciendo las manifestaciones de violencia. Los bolivianos del futuro habrán notado que el feminicidio es el tema cuya resolución exige mayor urgencia. Así los bolivianos del futuro habrán resuelto el problema del narcotráfico, pues es este la fuente principal de violencias y de buena parte de feminicidios. La corrupción habrá sido disminuida por el escarmiento que supuso el MAS.
Como vemos, el esquema dupuyano nos ayuda a anticipar la catástrofe, pero también instala cierta esperanza en función de la libertad abstracta de los bolivianos. Esa libertad abstracta es la que se ejerce en el voto. El voto debe ser secreto hasta el final. Si votamos todos por la opción más pacífica para el país, habremos ganado. La opción más pacífica a veces parece tibia y pecadora, pero ya no estamos entre romanos y cristianos. Hoy vivimos tiempos de plurinacionalidad y la paz seguirá ese camino. ¿O usted se imagina sin todos esos rasgos de identidad indígena que no deja de lucir? ¿O usted se tiene por tan poco boliviano que no entiende lo que es k’encha o no sabe quién es Doria Medina?



