Medio: Nuevo Sur
Fecha de la publicación: miércoles 07 de octubre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Las elecciones presidenciales están a la vuelta de la esquina, pronto saldrán las últimas encuestas y tendremos un panorama de lo que puede ocurrir el 18 de octubre, así como la suerte de varias organizaciones políticas estará echada, porque perderán su sigla y se tendrá objetivamente un veredicto sobre las campañas y el desempeño de sus estrategas. Lo visto hasta ahora, demostró que la transición política será más compleja de lo inicialmente pensado, pues la institucionalidad democrática se encuentra seriamente dañada, prueba de ello es la impunidad que hasta ahora tienen varios de los implicados en el Fraude Electoral del año pasado y la renuencia que tuvieron dos candidatos para ir a debatir sus propuestas y someterse al escrutinio público, en un País donde todavía campea la soberbia en algunos políticos, que no comprenden el hastío social que provocan esa clase de actitudes. Luis Arce Catacora en representación del M.A.S, hace tiempo dejó claro que a su organización política no le interesan los debates y no comulga con los valores democráticos, por eso se animan a vaticinar un fraude en su perjuicio, pese a que hasta la fecha recibieron un trato privilegiado y en ningún momento fueron sancionados por las transgresiones cometidas a las normas electorales y por las tácticas vandálicas que utilizaron para presionar en favor de sus intereses. Lo novedoso y hasta risible, es la actitud de Luis Fernando Camacho, que fue otro ausente del debate organizado en el Círculo de Oficiales del Ejercito de La Paz, bajo el argumento de que pensaba que Carlos Mesa haría lo mismo, reconociendo abiertamente que su decisión dependía de lo que hicieran sus oponentes y no de los principios que dice defender, en otras palabras quiere ser dispensado por su torpeza e ingenuidad y piensa que eso además de eximirlo, podría servir de argumento. Lo que no termina de comprender, es que las actitudes carentes de ética son imperdonables para el electorado que desea un cambio de rumbo en el País y quiere dejar atrás catorce años de autoritarismo, demagogia e intolerancia, por eso las conversaciones telefónicas filtradas, sus renuncias artificiosas y sus torpezas, no dejan de construir una imagen desilusionante de quien cumplió como cívico, pero nunca pudo convencer de que tiene alguna valía como político. Tampoco le sirven algunas relaciones con gente cercana al M.A.S, como el exministro de la presidencia Jerjes Justiniano Atalá o con un acusado de ser terrorista del MRTA y que fuera asesor de la campaña de Evo Morales, como sucede con el peruano Walter Chávez, en otras palabras parece tener un pragmatismo y una flexibilidad moral, que genera dudas y que por lo menos lo obliga a responder varias preguntas. Ahora Camacho pide un debate, afectado por las críticas y las contrariedades y tardó más tiempo en enviar su invitación, que en recibir la negativa de sus pares, en todo caso esos debates con sus falencias revelaron muchas facetas de los aspirantes, tanto por lo que hicieron como por lo que dejaron de hacer y eso le dió pluralismo y hasta entretenimiento, a un proceso electoral que era aburrido. Arce prefirió ir a una entrevista en la Red Uno y cometió un error garrafal al reconocer con determinación, que su partido político hizo fraude en las pasadas elecciones, todo eso confirma la importancia de que los candidatos aprendan a debatir, pues el ciclo de los cheques en blanco y del dogmatismo, está llegando a su fin más pronto que tarde.



