Medio: Opinión
Fecha de la publicación: jueves 01 de octubre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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En la intrincada historia de Bolivia, más allá de las ideologías, lamentablemente prevalecen los intereses personales o partidarios, simpatías o antipatías, inclusive las circunstancias de cada época.
Participé en 12 elecciones generales, comenzando recién a los 24 años. Fueron sucesivas en 1978, 1979 y 1980 en las que solemnemente voté por Marcelo Quiroga Santa Cruz, a quién conocí durante una entrevista, en Radio Cochabamba.
La primera elección fue anulada por fraude, la segunda y tercera ganó Unidad Democrática Popular, pero sin alcanzar la mayoría, ocasionando una narcodictadura sanguinaria.
En los comicios de 1985 y 1989 , sin militar en su partido, apoyé a Jaime Paz Zamora; en 1993 sufragué en blanco.
En 1997, por disciplina, contra principios y valores de juventud, voté por la alianza ADN, PDC y NFR, partido político en el que milité, por primera y única vez en mi vida, convencido de que Manfred Reyes Villa es el líder que Bolivia requiere.
El año 2002, Manfred estuvo a punto de ganar la presidencia, pero el fraude gonista cambió dramáticamente la historia del país. El 2005, votamos por Gildo Angulo y aunque ganamos la Prefectura en Cochabamba, le quitaron la sigla a Nueva Fuerza Republicana, culminando una década de militancia.
El año 2009, Manfred encabezó Convergencia Nacional, cuando el masismo ganó con el 64.22% de los votos, obligando al exilio a muchos opositores.
En las elecciones del año 2014, con su maquinaria instalada, volvieron a ganar con el 61.36% ; voté en blanco y en las elecciones del año pasado, que terminaron en fraude monumental, apunté al voto útil.
Es improbable o casi imposible, que el movimiento azul gane las próximas elecciones, porque bajó ostensiblemente su apoyo electoral, pero aún conserva un porcentaje significativo, que le permite influir en la política, además por la disociación irresponsable del sector democrático.
Sin embargo, si se respetan las reglas, con el voto consciente de la mayoría de los ciudadanos, se avizora un acuerdo de gobernabilidad, sin exclusiones, que restaure la independencia y equilibrio de poderes.



