Medio: El Día
Fecha de la publicación: miércoles 30 de septiembre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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La borrascosa contienda ha empezado. Casi una docena de candidatos sueña con ser presidente. Como no hay elecciones sin discrepancias, se ha visto que se entienden mejor entre duros, más que los rivales entre ellos. Lo de aquellos a veces parecía ser un “chistecito”, como los que sabía hacer el yatiri cuando era canciller. También eran diestros para descargar sus groserías en una supuesta broma. Si fuera así, 14 años nos han embromado el país sin asco. Pero un día el “soberano” se enojó y le dijo ¡fuera! al tirano; éste se fue llorando de Chimoré, como ustedes deben recordar todavía.
Los que ayer hicieron trampa, esos mismos se cuidan ahora de que no les toque el turno de padecer el engaño: “el ladrón piensa que todos son de su condición”. Ellos son expertos en esas malas artes de hacer fraudes, no aceptan que nadie les dispute el laurel que ganaron en octubre del año pasado. Y para curarse en salud, como se dice, ven eso mismo en todas partes, hasta en la sopa; el miedo les hace suponer que la tormenta de las urnas se aproxima. Se sospecha que el candidato vicepresidencial ha visto ese descalabro en la coca.
Fingen ser otras gentes; no recuerdan nada del pasado. Padecen de amnesia. Quieren llenar con otras glorias su historia; son demócratas de nuevo cuño; nada que ver con sus antecesores, los vándalos de ayer. El gurú en economía y finanzas, que por casualidad es también ahora candidato presidencial, ha dicho que tiene la fórmula mágica para revertir el desastre que ha causado en la economía la pandemia china, en estrecha alianza con la otra de color azul. Esta vez Bolivia se parecerá en serio a la Suiza europea. Conoce el efecto de su eficacia a prueba de tontos; es decir, a prueba de los que son del voto duro.
El tal ex canciller no quiere cambiar su perfil; aparece como subsumido en la marea de las banderas azules y negras. Y es un gran personaje de película. Se le vio actuando en la masacre de Chaparina contra indígenas. En otro papel no menos estelar, el candidato de marras hace de alto funcionario secuestrado, pero acompañado de una asistente uniformada al lado, por si acaso.
El otro personaje fantástico es ese que maneja la tropa azul a control remoto, desde Buenos Aires. El valiente vacacionista disfruta la vida en otras playas; pero ha prometido volver a Bolivia al día siguiente del triunfo electoral. Es un tjpeco de mucha suerte, como dijera el ex ministro de Defensa. Le tienen reservado una celda en Chonchocoro; pero el magnate indígena siempre lleva bajo la manga una carta oculta para escurrirse.



