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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 27 de septiembre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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La encuesta presentada por la fundación Jubileo, la Umsa, organizaciones periodísticas y otras instituciones académicas, de gran meticulosidad técnica alcanzada en base a una ficha que parece no ser cuestionada por casi nadie, obligaba ya a releer el mapa en la carrera por el poder. Pero ante los devastadores resultados de ese ejercicio para el frente Juntos, la inmediata renuncia de Jeanine Añez a su elección esta vez mediante voto universal, es una implícita amonestación a que los actores activos y pasivos, hablando no solo de elegibles sino de electores, hagan una revisión responsable, patriótica e ineluctable de sus aspiraciones los primeros, y de sus decisiones los segundos.
Un razonamiento como el que precede, en principio parecería más bien una admonición irreflexiva orientada a suplantar la voluntad del elector por una que es contraria a su preferencia o a las simpatías que por uno u otro candidato profesa. Empero, cuando se hace lectura de al menos el 60% de la gente que por todos los medios a su alcance expresa su repudio a cualquier posibilidad de retorno del MAS al gobierno, unos por tirria, otros por temor y la mayoría por ambos, entonces la pertinencia de un voto útil y repensado deja de ser simplista o tendencioso.
Así, nos vemos ante un escenario en que las encuestas electorales, más si son hechas en base a una ficha técnica absolutamente científica, con variables que antes no recuerdo haberse hecho en trabajos análogos, hacen de ella estudio confiable no solo por el tamaño de la muestra, sino por la imparcialidad de los que participaron en su elaboración, tornándose decisivas en el futuro –por lo menos inmediato– de Bolivia. De sus resultados, dependerá que el ciudadano decida a quien finalmente favorece con su voto.
Sorprende entonces, pero no desagrada, que este mecanismo que no siempre ha merecido la importancia que hoy le asignan los candidatos y la sociedad civil, pueda ser el vehículo para que el país emita un voto informado respecto a quién tiene posibilidades aritméticas de impedir que las distancias finales entre primero y segundo, sean tan grandes que no se tenga la menor posibilidad siquiera de ir a un balotaje, visto como está que el partido de Evo Morales, y pese a quien pese, no se deshará del primer lugar.
El esmero integral y las variables sobre los patrones de posible comportamiento electoral en Bolivia que Jubileo nos presenta, han demostrado total desapasionamiento en los guarismos que su trabajo altamente calificado ha arrojado; y excepto los rezagados, como es natural, que públicamente nunca van a aceptar la verosimilitud del trabajo, tienen, del segundo al último, razones más que suficientes como para preocuparse por el rumbo de sus campañas.
Y es que la estadística es una ciencia que, correctamente aplicada, no tiene por qué ser puesta en duda. Así, el cálculo de probabilidades hecho, nos acerca fidedignamente a una materialización efectiva de sus resultados para el día del sufragio.
Las características atípicas de las elecciones que se avecinan determinan que la carrera hacia la primera magistratura en consideración a los resultados arrojados por el sondeo de opinión de Tu Voto Cuenta y que ha confirmado la confianza (aparentemente razonable) en sí mismo del partido de Evo Morales, intranquilizado al segundo en las posiciones y provocado la renuncia a la candidatura de Jeanine Añez, haya alcanzado expectativas inéditas. Ni siquiera el pasado año en que la ciudadanía esperó ansiosamente hasta la última encuesta para definir finalmente su voto, esas herramientas tuvieron tanta trascendencia como hoy; de manera que las que aún resten (pero especialmente la que ya anunció Jubileo) definirán casi inmodificablemente al ganador de las elecciones, considerando que ella será publicada a escasas dos semanas más o menos del día de las elecciones, tiempo en el que no existen antecedentes históricos de un cambio de último momento en la decisión, para entonces ya tomada en el elector, a no ser que por una profunda concienciación de quienes la antipatía que los separa del MAS, se decanten aun a costa de favorecer con su voto, por quién como ya ocurrió, no es el de su preferencia.
Nótese que Oscar Ortiz, candidato por Bolivia Dice No, que hasta la última encuesta se hallaba muy por encima del 10% de la preferencia electoral (y de todas maneras insuficiente para sus aspiraciones presidenciales), finalmente obtuvo el 4%, y no porque las encuestas hayan tenido deficiencias. Su drástica caída obedeció a que el electorado cambió su decisión precisamente por las predicciones de esa última intención de voto vía encuesta, en favor del candidato que podía hacerle frente al entonces ilegal aspirante a su reelección, Evo Morales.
En consecuencia, la renuncia de Añez, que no tuvo nada de histórica ni generosa como con emocionado entusiasmo su ministro Iván Arias se prodigó en proclamar, sino un convencimiento tardío de una catástrofe, definitivamente va a cambiar el mapa de posibilidades.
La exigua probabilidad de votación en favor de la presidenta no irá exclusivamente a ninguno de los candidatos opositores al MAS, pero beneficiará con preferencia a Carlos Mesa, no por ser paceño o por animadversión alguna hacia Camacho por ser cruceño. La realidad es que es el único que puede frenar un retorno del MAS al gobierno.
Finalmente las encuestas todavía pendientes de publicación, pueden variar guarismos, pero las distancias entre el primero y el segundo y de éste con el tercero son inalcanzables, de manera que una votación masiva y bajo consigna en Santa Cruz por Luis Fernando Camacho no servirá para alcanzar un segundo lugar, pero puede beneficiar generosamente a Arce Catacora para ampliar su ventaja respecto al candidato de Comunidad Ciudadana.



