Medio: Opinión
Fecha de la publicación: domingo 27 de septiembre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Esta sensación de inseguridad tiene que ver con las reiteradas amenazas que abierta o veladamente lanzan los candidatos y dirigentes del MAS y sus organizaciones sociales que se desgañitan anticipando fraude y su resistencia a aceptar los resultados en caso de no ser de ellos el triunfo. Cómo no temer si quedan en la memoria los gritos de personas armadas corriendo “ahora sí, guerra civil” o las amenazas de convertir a Bolivia en un Vietnam vertidas por el nefasto exministro Juan Ramón Quintana.
Los datos también reflejan la poca confianza ciudadana en la capacidad de la Policía para brindar seguridad a la vida y la propiedad en tiempos de conflictos, toda vez que, contrariamente a lo que hacía durante el gobierno de Evo Morales reaccionando inmediatamente para reprimir a indígenas, discapacitados, enfermos con cáncer, médicos o cuanta persona se atreva a oponerse a la voluntad del todopoderoso presidente; con el actual gobierno, su actuar es más tímida y tolerante, tanto que no actuó con contundencia contra perpetradores de actos terroristas y crímenes de lesa humanidad como privar de oxígeno a pacientes con COVID-19. Posiblemente sea por cautela del Órgano Ejecutivo para evitar enfrentamientos, o por temor de la Presidenta al asedio interno y externo con acusaciones de violación de DD.HH. ejercidas por las influyentes redes al servicio del expresidente.
Sin embargo, la población boliviana sabrá sobreponerse a sus temores y con su voto colocará a cada quién donde le corresponde, no puede permitirse el craso error del retorno de la corrupción, el odio, la intolerancia y el abuso de poder de los que nos liberamos a costa de vidas y mucho dolor. Es el desafío.



