Medio: El Día
Fecha de la publicación: sábado 26 de septiembre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Luego de la lluvia de memes, el aspirante a diputado reconoció que sabe poco y nada de socialismo, cosa frecuente entre sus camaradas, que desde hace cien años de vigencia del Marxismo, no hacen más que desconocer las tristes “hazañas” cometidas por los paladines de la bondad, la filantropía y el amor al prójimo. Ellos insisten en que el socialismo que lleva más de 150 millones de muertos en su haber y que hizo añicos más de 60 países no es el auténtico y que el paraíso prometido por Marx y Engels todavía está por verse.
Tampoco se puede culpar al aspirante a parlamentario por su ignorancia. El mundo está lleno de socialistas que no conocen en lo más mínimo lo que significa esta ideología y son todavía más los que no saben que son socialistas y aunque jamás lo admitirían, actúan como tontos útiles, porque en el fondo defienden ideas colectivistas, intervencionistas, estatistas y toda una serie de camuflajes que utilizan los comunistas para confundir a los incautos.
En estos días nadie hizo memes ni ningún comentario negativo por la crispación que causó entre varios “niquelados” exponentes del antimasismo, la sola mención de la privatización. Fue como si echaran gasolina al fuego, como si le insultaran a la madre de alguno de ellos, como si una doncella estuviera a punto de ser atacada por temibles bandidos. A esos habría que hacerles la misma pregunta que le propusieron al “candidato sociable”, pero a la inversa y comenzaremos a ver las taras que tienen en sus mentes y que explican por qué muchos bolivianos prefieren inclinarse por los que, a su modo, confiesan y practican las lecciones marxistas.
El gobierno que viene, el posterior y todos los demás serán un completo fracaso si no se habla en serio de lo que hay que hacer con las empresas estatales. Comenzando por YPFB y la planta de urea y terminando por esas fábricas de cartón y de no sé qué, que siguen pagando sueldos, que continúan llevándose ingentes cantidades de dinero y donde siguen robándole al país a manos llenas. Hay que tomar decisiones urgentes y, por otro lado, cambiar hacia un Estado que no estorbe, que facilite las cosas y que promueva la actividad privada. Tenemos un aparato público elefantiásico que nos mantendrá siempre al borde de la quiebra por derroche, por ineficiencia y por corrupción. Eso es socialismo.
En estos días nadie hizo ningún comentario negativo por la crispación que causó entre varios “niquelados” exponentes del antimasismo, la sola mención de la privatización. Fue como si echaran gasolina al fuego, como si le insultaran a la madre de alguno de ellos, como si una doncella estuviera a punto de ser atacada por temibles bandidos.



