Medio: Ahora el Pueblo
Fecha de la publicación: jueves 24 de septiembre de 2020
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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A estas alturas resulta imposible negar las intenciones de Evo Morales para quedarse en el poder ad eternum, pero el MAS, con el respaldo de asesores mediáticos muy bien financiados, está creando un clima de opinión fraudulento. La estrategia apunta, desde hace ya mucho tiempo, a presentar al caudillo como víctima de sus opositores y, en esa ruta, a un “pobre” refugiado que “fue sacado” del poder a merced del odio y el racismo. ¿Fue así?
Pues bien. El plan non gratis comenzó a ser ejecutado desde fundaciones vinculadas con el chavismo, cuyos expertos expusieron “dudas” sobre la proyección de las tendencias electorales que se registraron en Bolivia tras la votación del 20 de octubre. Esos análisis, que no contemplaron los datos de contexto, no ahondan en las irregularidades cometidas por las autoridades electorales de entonces, quienes autorizaron el corte del recuento. Aquí, el clima fraudulento se instala desde que se presenta como una iniciativa del New York Times la publicación de estos reportes, cuando en realidad fue desde el blog Monkey Cage.
Y en ese marco, también resulta curiosa la onda expansiva —artificial, por cierto— que se generó con una carta enviada por el
senador demócrata Bernie Sanders y una veintena de congresistas estadounidenses que exigieron al Departamento de Estado que el trabajo de observación electoral de la OEA en Bolivia sea evaluado “de forma independiente”. El pedido, por sí mismo, no genera la jurisprudencia que los autores de este clima fraudulento quieren que se imponga y, de este modo, Evo Morales sea redimido en tiempos electorales.
De hecho, si la institucionalidad estadounidense funciona como lo hizo hasta el momento, el senador Sanders podrá enterarse de los detalles del informe, las razones de la “manipulación dolosa” en la transmisión de datos electorales. El legislador, junto con sus colegas, seguramente se va a sorprender cuando se entere que la intención de Morales era ganar en primera vuelta, pues el fraude fue perpetrado para evitar “el desquite”. Ningún movimiento opositor o ciudadano le negó la victoria a Morales, lo que el ciudadano, indignado por el abuso de poder, rechazó fue una “manipulación” que permitió jalar el porcentaje. El movimiento “doloso” fue sutil y obviamente, el análisis de esta irregularidad supera los criterios de las tendencias que los creadores de esta realidad fraudulenta quieren imponer.
La estrategia “dolosa” desarrollada para que Morales salga vencedor fue una obra de ingeniería. Posiblemente, en los cuartos de guerra en los que se diseñó y se hizo el seguimiento del maquiavélico plan, no contaban con la desesperación de los operadores de la estructura servil sobre las que se asentaba el poder del caudillo. ¡Ellos llegaron a cortar el suministro de la energía eléctrica para frenar el recuento de votos!
Los observadores internacionales y los ciudadanos que rechazan el fraude mediático non gratis de estos días aún están indignados por la manera en la que Evo Morales se burló del voto ciudadano del 21 de febrero de 2016. Sanders seguramente sabe de ese contexto y será muy saludable para la democracia del país y de su credibilidad que emita una opinión respecto a esa vulneración de esos derechos. Porque, como bien sabe el ilustrado senador, el Artículo 7 de la Constitución Política del Estado (CPE) señala que “la soberanía reside en el pueblo boliviano (…) es inalienable e imprescriptible”.
Tampoco deberían pasarse por alto los siguientes hechos. Evo Morales, tras el informe de los observadores de la OEA que alertaron “la manipulación dolosa” en la transmisión de votos, fue quien convocó a nuevas elecciones y destituyó a todos los vocales del TSE. Horas después, el líder que gobernó Bolivia durante 14 años bajo la consigna “Patria o muerte” salía del país de manera voluntaria. Es oportuno pedir a Morales que vuelva; hacen mal los líderes políticos que juegan con el rechazo a la idea de su retorno para ganar votos. Le haría muy bien al país que el expresidente esté aquí, entre los suyos. Podría defenderse de las acusaciones y asumir las responsabilidades que le correspondan.
Pero el fraude mediático también alimenta el hecho de que fue el informe preliminar de la OEA desencadenó la convulsión. El descontento se había instalado desde hace mucho antes en las calles de las ciudades del país. Miles de jóvenes hicieron hacer escuchar su voz en las puertas del TSE y otros tantos fueron reprimidos por las fuerzas del MAS. El senador Sanders, seguramente, pedirá reportes sobre lo que pasó tras los comicios del 20 de octubre y hallará abundante información sobre la cantidad de seguidores que el MAS movilizó para respaldar a su líder; caerá en cuenta de que unas 12 personas fallecieron en esas protestas y que el partido de Morales estaba dispuesto a sacar las armas y matar de hambre a miles de ciudadanos. Esto es innegable.



