Medio: El País
Fecha de la publicación: miércoles 23 de septiembre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Jeanine renunció a su candidatura y si bien las reacciones de sus rivales han sido proporcionales a sus propias estrategias electorales, la respuesta, por lo menos en el segmento de la opinión publica opositor al MAS, ha sido en general favorable. Aunque a todos les queda claro que se trató de una renuncia casi forzada, hecha a último momento, justo después de la aparición de dos encuestas en las que se la veía caer por el despeñadero de la preferencia electoral y alimentada por el temor a un probable gobierno del MAS, que podría llegar con anhelos de revancha.
¿Pero se debe ser demasiado duro con la excandidata – presidenta, en un contexto en el que la renuncia no es precisamente una de las actitudes más frecuentes en nuestros políticos? Sin ir más lejos, recientemente Ronald Mclean ex jefe de campaña de Creemos, reveló en la prensa que la razón de la ruptura inicial de Camacho y Pumari, estuvo en la disputa sobre quien encabezaría la formula, es decir que ninguno de los dos ex líderes cívicos quería renunciar.
Por otra parte, me imagino que a estas alturas de la historia, propios y extraños reconocerán que una de las razones de los males del MAS, y de su salida del poder, fue la del empecinamiento de Evo Morales y su entorno por mantener su candidatura, intención que resulto factible por catorce años de reelecciones, pero que finalmente choco con la realidad en octubre del año pasado. Obviamente no es un caso único; historiadores y aficionados a la política conocemos que el punto más bajo en la dilatada trayectoria de Víctor Paz Estenssoro, fue su intento de reelegirse en 1964, lo que generó que tres meses después de su posesión, los militares lo derrocaran inaugurando un largo periodo de gobiernos dictatoriales.
La “no renuncia” alcanza todos los ámbitos de la política boliviana. Acaldes, diputados, gobernadores, criticaron los últimos años a Evo Morales y Álvaro García por hacer campañas desde sus respectivas posiciones, pero cuando llego el momento de que ellos se bajaran al llano, la inmensa mayoría opto por no hacerlo. En Tarija hace unos años un candidato a gobernador que muchos daban como seguro triunfador, vio anulada su candidatura debido a que no renuncio a tiempo a una decanatura en la universidad, y una de mayores las críticas que se le han hecho al exgobernador Mario Cossío que fue depuesto durante el anterior gobierno por un procedimiento judicial que luego el Tribunal Constitucional desestimó, fue que al no renunciar evitó que hubiera nuevas elecciones, en las que seguramente hubiera ganado la oposición, lo que posibilitó que su sucesor, interino, se quedara en el cargo por cinco años. Sin embargo, él se defiende señalando que, si hubiera renunciado, habría dado la razón a sus acusadores.
Queda claro que, si Jeanine renunciaba con mayor antelación, al principio de la pandemia, por ejemplo, o que, si directamente no se hubiera postulado, nos hubiera brindado una gestión de mayor calidad y podría haber tenido mayores expectativas hacia el futuro.
Pero Jeanine igual que nuestros políticos del País de la No Renuncia, también es víctima de un mal que afecta a la gran mayoría de los bolivianos; también el ubicarse en el País de la Vista Corta.
En todos los países del mundo los intereses inmediatos buscan sobreponerse a los intereses de largo plazo y los intereses individuales quieren atentar contra el bien común (hace poco tiempo se especulaba, por ejemplo, que a Trump también se le estaba ocurriendo la idea de cambiar la Constitución de Estados Unidos, para buscar más reelecciones), pero solo en los que tienen una institucionalidad paupérrima y debilitada como la nuestra, adquieren tanta prevalencia en la vida cotidiana.
La experiencia de Jeanine podrá mostrarnos a todos que “la no renuncia” y la prevalencia de los intereses inmediatos sobre los de largo plazo, dan malos resultados, y pueden llevarnos inclusive a resultados desastrosos en lo individual, pero lamentablemente no tenemos indicios de que los restantes políticos aprendan algo de la lección, y tampoco la mayor parte de los restantes ciudadanos, para ser sinceros con nosotros mismos.



