Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: sábado 05 de septiembre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Que los políticos hagan ese cálculo, aún con lo peligroso y sectario que es, es normal. Los partidos buscan su interés particular, no necesariamente el bien común. Pero que se sumen a esas posiciones algunos intelectuales, periodistas y activistas, es otra cosa. El expresidente Jaime Paz Zamora y una docena de personas más, entre ellos varios militares en retiro, enviaron una carta al secretario general de la ONU Antonio Guterres, para criticar la labor que juegan en Bolivia las oficinas de NNUU y la Unión Europea.
La carta presenta una serie de exageraciones, por ejemplo cuando acusa al enviado del señor Guterres, Jean Arnault, de haber poco menos que impuesto que se realicen las elecciones presidenciales este año. Esa es una falta a la verdad, como cualquiera sabe: la obligatoriedad de que se realicen los comicios en esta gestión fue impuesta por un fallo del Tribunal Constitucional de principios de 2020, además del deseo mayoritario de la población y el sentido común.
Los que suscriben la misiva amplifican los supuestos fallos que tiene el padrón electoral (que no han logrado demostrar objetivamente) y acrecientan los riesgos sanitarios de hacer las elecciones, todo por conseguir su intención de posponerlas.
Los bolivianos ya vimos cómo, sólo por seis semanas de postergación, el MAS casi incendia el país. ¿Y estos firmantes creen que se puede suspender las elecciones por seis meses?
También se lanzan contra Arnault por haber señalado una verdad de perogrullo: que Bolivia ha vivido serios momentos de polarización y violencia. Para los que redactaron la carta ello no es verdad y lo que hacen NNUU y la UE es crear esa idea artificialmente. Pero aunque lo nieguen, en los últimos nueve meses Bolivia sí ha sufrido enfrentamientos severos, que han terminado con una treintena de muertos en noviembre pasado y con violentas manifestaciones y bloqueos en agosto, que generaron decenas de muertes por falta de oxígeno y otras causas. Eso, para los firmantes, no es un ambiente de enfrentamiento ni de polarización. Por eso también les desagrada que NNUU y la UE usen la palabra “pacificación” del país. Es incomprensible su cerrazón, sólo explicable por su desesperación basada en que las candidaturas que son de su agrado están lejos de ganar los próximos comicios, como ya hemos dicho, y una adicional: su irrealizable deseo de que el MAS desaparezca, como por milagro, del escenario político nacional.
Como ya está claro en este texto, este diario tiene una opinión distinta de la de los firmantes de la misiva: Bolivia sí ha vivido momentos de alta polarización, sí existen grupos de civiles enfrentados y la paz ciudadana es precaria. Este diario cree también que Arnault y el exembajador de la UE, León de la Torre, ayudaron a un acuerdo que, en determinados momentos antes, durante y después de los sucesos de Sacaba, Senkata y otros, parecía imposible: lograr la transición entre el autoritarismo del MAS y un régimen transitorio que desemboque en una anhelada democracia plena. Arnault, De la Torre y delegados de la Iglesia, entre otros el fallecido monseñor Eugenio Scarpellini, lograron sentar a los diferentes representantes partidarios a una mesa para que se produjera lo que tenemos hoy: una etapa que nos conducirá a elecciones generales de octubre. Los que envían el texto a Guterres muestran su gran mezquindad al no reconocer aquello.



