Medio: Nuevo Sur
Fecha de la publicación: sábado 05 de septiembre de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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El mes de agosto se fue y estamos en los albores de la primavera con todo su colorido y encanto, a diferencia de otros años, el ánimo es distinto porque las circunstancias son extremadamente difíciles, asoló repentinamente una Pandemia que afectó tanto a la salud pública como a la economía, el aparato productivo y el comercio se han visto resentidos y se encuentran inmersos en un contexto global de recesión, del cual no saldrá la humanidad con la rapidez deseada. En el caso boliviano hay que agregar la complejidad que tiene el hecho de que atravesamos un indignante fraude electoral y una transición política dificultosa que todavía está en curso, que indudablemente incidió en los indicadores sanitarios y en los condicionamientos que tiene la recuperación económica, por eso es una coyuntura atípica y extremadamente conflictiva. La adversidad puso a prueba a la institucionalidad democrática, la madurez de los partidos políticos y el temple del Sistema Judicial y lamentablemente existe un aplazo general, que refleja el grado de descomposición del Estado y la degradación de la función pública, que resultaron de casi catorce años de autoritarismo, hegemonía política, corrupción, impunidad e intolerancia. Sin embargo un tópico se destacó estos días: el “altoperuanismo”, un concepto difícil de definir pero que se asocia con la hipocresía, las maquinaciones y el doblez, del que se valieron algunos doctores de Chuquisaca para manipular a Simón Bolívar y conseguir con adulaciones y maniobras, que pese a una reticencia inicial, el libertador diera curso a la fundación de la República y además fuera su primer presidente durante cuatro meses. Esa lógica de urdir las conspiraciones bajo la sombra, de responder sin decir nada, aquellos acuerdos bajo la mesa y malas artes dentro de la política, hacen a ese concepto y explican parte de lo que está sucediendo y porqué los conflictos lejos de resolverse en las instancias judiciales y electorales, terminan siendo provocados por los silencios, las indecisiones y los cálculos políticos. Por eso el Tribunal Supremo Electoral en lugar de resolver las cuestiones que eran de su competencia y anular la personería del M.A.S, en un proceder ladino, mandó la resolución del incidente a consulta de constitucionalidad, aplicando una idea que además fue planteada por la propia parte demandada, también incumbe a esta lógica que el Ministerio Publico decidiera no investigar los delitos inherentes a dos semanas de bloqueos, en los que por la falta de oxigeno se perdieron alrededor de cuarenta vidas. Ahora magistrados de La Paz pretenden habilitar la candidatura de Evo Morales, invadiendo atribuciones de la jurisdicción electoral, mientras una serie de causas se encuentran paralizadas porque la diligencia para defender la legalidad, claramente no es equivalente a la que existe para favorecer al M.A.S, la actitud solapada en este caso no es de los magistrados, que obviamente son arbitrarios y desafiantes, radica en aquellos candidatos que timoratos guardan silencio, porque piensan que azuzando la crisis política afectan al gobierno. El ejecutivo tampoco ha sido eficiente en gestionar el conflicto, ni imaginativo para salir de los bloqueos, que tozudamente prepara cada semana la Asamblea Legislativa Plurinacional, por eso se postergan las soluciones, las instituciones no cumplen su función, los candidatos se tropiezan por caminar viendo sus pies y los que gobiernan tristemente tienen un concepto muy limitado de la política, olvidaron que no se puede estar bien con Dios y con el Diablo, ni caminar hacia adelante, sin escoger el rumbo y asumir las consecuencias de cada decisión.



