Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: lunes 24 de agosto de 2020
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Rousseau da un toque especial a la problemática deliberativa al incorporar otra tradición, manifestando que este intercambio de los puntos de vista se basa fundamentalmente en la aceptación del pluralismo para sustentar las cuestiones políticas. Así, Rousseau sostiene que el pluralismo tampoco podría explicarse sin la propia construcción ciudadana de una idea de razón pública. De esa manera, la democracia deliberativa implica que el Soberano ejerce un control sobre las instituciones que lo representan, y no se limita a la elección de representantes. Brevemente, según este autor, son tres los elementos componentes de la democracia deliberativa: 1. La idea de razón pública; 2. Un marco de instituciones constitucionales democráticas que establezcan el escenario de los cuerpos deliberativos; 3. El conocimiento y el deseo ciudadano de seguir una razón pública, es decir seguir razones razonables (principios de justicia) que permitan entender cuestiones políticas fundamentales. La idea de razón pública en Rousseau se conecta también con el control ciudadano de los principios institucionales.
Detrás de todos estos elementos prima la idea del bien común. Y quisiera ligar esta problemática del bien común a otros elementos propuesto por Claude Lefort a propósito de la deliberación. Este autor señala que hablar del bien común no es como en Rawls, a partir de una posición original, es decir, de la definición del bien común desde principios de justicia. Lefort menciona que esto es parte de un determinado razonamiento respecto de la política, pero que hay múltiples razones prácticas que impiden validar esta manera de entender la posición original a partir del velo de la ignorancia. En todo caso, rescata que el problema central de la deliberación es el bien común, pero señala que este bien común debe entenderse como una lucha simbólica que define o redefine la legitimidad del poder. Así, no es posible hablar del bien común si es que, al mismo tiempo, no hablamos de los procesos de legitimación de aquellas ideas que nosotros consideramos válidas y compartidas.
Entonces, bien común no es todo, ni las mismas cosas en momentos distintos. La deliberación puede entenderse, desde esa perspectiva, como un momento de unidad precaria de lo social que define una noción básica de bien común. Esa unidad precaria es lo político. Desde esa perspectiva, la deliberación es un proceso y un momento de cohesión que redefine nuestra idea de lo común. Entonces, el bien común y su definición tienen como fundamento las distinciones sociales y conflictos sociales.
De esta manera, el pensamiento de Lefort nos lleva a evaluar dos elementos que circulan como sentido común a la hora de comprender el conflicto y la acción colectiva en los actos deliberativos. El primero es que es necesario delegar cierto poder para que los actores enfrentados puedan representar sus intereses, en un lugar aparentemente neutral. Como el conflicto debe de alguna manera moderarse, el campo político es también escenario de moderación del conflicto. Sin embargo, los actos deliberativos abarcan también aquellos espacios no institucionales: las calles, los lugares de reunión de las organizaciones de la sociedad civil, la comunicación, en suma, los ámbitos de construcción de opinión pública reforzados ahora por las plataformas y redes sociales. Son estos los escenarios de debate ciudadano que, a la vez, son sus lugares de confrontación, de conflicto y de deliberación.
En consecuencia, creo que sí hay una conexión entre acto deliberativo, definición del bien común como lucha simbólica y la manera en que lo político (razón pública) actúa como el terreno en el que se decide el todo social, por lo cual, el acto deliberativo excede la propia base institucional de la democracia representativa. En otros términos, el acto deliberativo permite suspender por un instante la propia definición de la idea dominante de democracia. Si algo se expresó en las últimas protestas ciudadana sobre la fecha de las elecciones, es precisamente una recuperación de la idea de democracia que suspende por un instante los mecanismos de la democracia representativa, que suspende por un instante una definición de lo habitual, una definición normativa de la democracia. Es el pueblo deliberando.



